Todos juntos
Un espacio propuesto por EQUIPO ECUMÉNICO SABIÑÁNIGO

jueves, 30 de enero de 2014

"JUVENTUD, JUSTICIA SOCIAL Y FÉ"

Con una conferencia y un concierto concluyeron en Sabiñánigo los actos organizados por el EQUIPO ECUMÉNICO SABIÑÁNIGO con motivo de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos.

La conferencia y el posterior concierto se realizaron en la Casa de la Cultura "Antonio Durán Gudiol" con la colaboración del Ayuntamiento de Sabiñánigo.

"Juventud, Justicia Social y Fé" fué el título de la conferencia que impartió Ana Bou Sola. El concierto lo ofreció la coral "Santa Elena" de Biescas. Os mostramos un resumen a continuación:  

La presentación del acto corrió a cargo de Juan Manuel Fonseca, director de Radio Sabiñánigo - Cadena SER y miembro del EQUIPO ECUMÉNICO SABIÑÁNIGO, junto a él Ana Bou. D. Jesús Lasierra Alcalde de Sabiñánigo y Da. Berta Fernández, Concejal de Cultura.

Ana Bou Sola, en un momento de su intervención.

Ana Bou nace en Madrid, es una persona emprendedora filóloga, en cuarto curso de teología. Preocupada por lo más débiles de la sociedad, es a ellos a quienes dedica el poco tiempo libre que tiene. 
"Colaboro desde hace más de 10 años con las religiosas Oblatas Del Santísimo Redentor en ayudar a todas las mujeres que por diversos motivos se encuentran en el mundo de la prostitución. Ahora hace apenas un mes estamos poniendo en marcha una Asociación en colaboración con los Religiosos Asuncionistas para ayuda a África donde intentamos que la gente de lo que estime oportuno a través de una suscripción desde 1€ hasta lo que se pueda. Ya está dada de alta y poco a poco va funcionando… En la parroquia llevo muchísimos años con niños de catequesis de infancia a quienes prepararnos no solo para hacer la comunión sino para que sean PERSONAS con unos valores en la vida. Colaboro en la Revista Alandar desde hace un par de años y ahí vamos trabajando…"

Aspecto de la sala durante la conferencia

El Alcalde de Sabiñánigo, D. Jesús Lasierra y la Concejal de Cultura Da. Berta Fernández junto a los miembros del EQUIPO ECUMÉNICO SABIÑÁNIGO 
Daniel Vergara, Eloy J. Torre y Juan Manuel Fonseca

D. Ricardo Mur, párroco de Biescas fue el ancargado de presentar a la 
coral "Santa Elena"

Momento del concierto

El público que llenaba la sala siguió con mucho interés toda la actuación.

Coral "Santa Elena" de la Villa de Biescas (Huesca)


Repercusión en la prensa provincial:

Numeroso público siguió la Semana de Unidad de los Cristianos


El Equipo Ecuménico de Sabiñánigo organizó la semana pasada dos actos

MERCEDES PORTELLA
30/01/2014
SABIÑÁNIGO.- Con motivo de la celebración de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, el Equipo Ecuménico de Sabiñánigo organizó la semana pasada dos actos a los que acudió numeroso público. El encuentro ecuménico de oración celebrado bajo el título ¿Es que Cristo está dividido reunió a unas 40 personas, mientras que la conferencia concierto que tuvo lugar el pasado viernes fue seguida, igualmemte, por numeroso público. La ponencia corrió a cargo de Ana Bou, teóloga y escritora, que habló de Juventud, Justicia Social y Fe. Hizo hincapié en que la palabra justicia "significa darle a cada uno lo que le pertenece, y social es un adjetivo perteneciente o relativo a la sociedad". "Si unimos justicia con social, nos encontramos con que su significado es devolverle al ser humano lo que injustamente le ha quitado la sociedad, y todo ello ¿Desde qué parámetros , el mío es desde la Fe". Asimismo, dijo que tenemos "que aprender a ampliar más nuestra mirada. Todos necesitamos una mínima dignidad en la vida y a muchas personas se les está arrebatando y en estos momentos actuales en los que estamos viviendo, cada vez más. Hay familias que no tienen para alimentar a sus pequeños, dejan a los niños en los colegios sin haber cenado hasta que al día siguiente en el cole les dan la comida. Cuando somos capaces de poner un rostro, un nombre, las cosas se miran de manera diferente".
Ana Bou tiene un sencillo blog que se llama "Un minuto para el encuentro". "Ahí escribo todo lo que mi corazón siente ante tanta injusticia social", reseñó.
Tras la conferencia actuó la Coral Santa Elena de Biescas, que interpretó un repertorio sacro y popular. Algunos temas eran conocidas piezas de música, pero con letras adaptadas al lugar. Así, en unas explicaban la historia de Sabiñánigo, una población que se creó a comienzos del siglo XX con la llegada del ferrocarril; en otras, se hablaba de la labor que viene realizando la asociación Amigos de Serrablo; y en otras piezas se hacía alusión a las distintas iglesias reunidas, a la conferencia que les había precedido, a la justicia, a la juventud… El repertorio, por su originalidad e interpretación, fue aplaudido repetidamente por el numeroso público que llenaba la sala.

FUENTE:
http://www.diariodelaltoaragon.es/NoticiasDetalle.aspx?Id=855038

Fotografías gentileza de Mercedes Portella




miércoles, 29 de enero de 2014

PRÓXIMOS ACTOS

PRÓXIMOS ACTOS Y ENCUENTROS ECUMÉNICOS

SABIÑÁNIGO:

Jueves 6 de febrero 2014 20’00 horas

ESTUDIO BÍBLICO ECUMÉNICO (SESIÓN – 3)
“Jesús, Hombre”
Coordina D. José Manuel Pérez, sacerdote católico.

LUGAR: 
Local iglesia adventista. c/ Abad Banzo, 2. Sabiñánigo

ORGANIZA:
Equipo Ecuménico Sabiñánigo



MÁLAGA:

Viernes 31 de Enero 2.014 20’15 horas

Conferencia: “UNIDAD DE LOS CRISTIANOS: ABRIENDO SURCOS… COSECHANDO FRUTOS”
Ponente Monseñor Juan Usma Gómez Jefe de oficina del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. (Roma)

LUGAR:
Iglesia del Redentor (I.E.E.) c/ Ollerías, 31. Málaga

ORGANIZA:
El Grupo Ecuménico de la Delegación Diocesana de Ecumenismo y la Fundación Canónica Lux Mundi.



HUESCA:

Domingo 2 de febrero 2014 19’00 horas

ORACIÓN DE TAIZÉ

LUGAR:
Iglesia María Auxiliadora (Colegio Salesianos)
Avenida Monreal, 10. Huesca


Sábado 15 de febrero 2014 19’00 horas 

ORACIÓN DESDE LA MÚSICA, con la coral "Divertimento" de Huesca

LUGAR:
Iglesia María Auxiliadora (Colegio Salesianos)
Avenida Monreal, 10. Huesca


Sábado 15 y Domingo 16 de febrero 2014, 

Curso de formación bíblica: "CONOCER Y TRANSMITIR LA BIBLIA. Una aventura cotidiana", 
Impartido por la profesora Inmaculada Rodríguez Torné (Universidad Complutense, Madrid), 

HORARIO: 
Sábado de 10’00 a 13’00 horas y de 16’00 a 19’00 horas; domingo de 10’00 a 13’00 horas

LUGAR:
Colegio Salesiano.
Avenida Monreal 10 – 12, Huesca






martes, 28 de enero de 2014

EN SABIÑÁNIGO SE RECONSTRUYÓ UN CRISTO ROTO


Con motivo de la celebración de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, el pasado miércoles día 22 se reunieron en Sabiñánigo, en el salón del Club parroquial de Cristo Rey cristianos de distintas denominaciones para orar TODOS JUNTOS por la Unidad de los Cristianos, con una cuestión a resolver: "¿Es que Cristo está dividido?"

Mostramos ahora un resumen de lo que fue el encuentro ecuménico.

D. Daniel Vergara, pastor evangélico de la Iglesia metodista de "El Buen Pastor" de Sabiñánigo presidió y condujo toda la ceremonia

Juan Manuel Fonseca, miembro de la Iglesia Española Reformada Episcopal (Comunión Anglicana) leyó la epístola de Pablo a los Corintios.

D. Ramón Clavería, sacerdote de la iglesia católica romana fue el encargado en esta ocasión de realizar la homilía.

En este encuentro la parte musical corrió a cargo de Charo, Irene, Angelines, Mª Angeles y Orosia, todas ellas del coro "Manos unidas" de la parroquia Cristo Rey de Sabiñánigo. Además estrenaron un aleluya, os dejamos su letra (compuesta por Orosia) la música es la de Leonard Cohen:

Tu eres nuestro refugio Señor 
Tu siempre escuchas nuestra voz
y a la tierra seca das la lluvia
A ti la gloria y el honor
La fuerza inmensa del amor
Te alabamos cantando, aleluya

Aleluya, aleluya
Aleluya, alelu-u-u-ya

Tu eres nuestro camino Señor
Faro que alumbra y da calor
Palabra que ilumina nuestra vida
A Ti la gloria y el honor
La fuerza inmensa del amor
Te alabamos cantando, aleluya

Aleluya, aleluya
Aleluya, alelu-u-u-ya

D. Carlos Jarne, sacerdote de la iglesia católica romana fué el encargado de anunciar y explicar la ceremonia de la "Recontrucción de Cristo Roto"

Cuatro participantes de distintas confesiones, dos mujeres y dos hombres, desde distintos lugares de la sala convergieron en el centro de esta con cuatro trozos de la figura de Cristo, solo con la unión de cada una de estas partes, conseguimos ver completa la figura de Cristo.

Jesús, de la iglesia católica romana

Daniel, de la iglesia evangélica

Y así una vez reconstruido, Cristo presidió nuestro encuentro:


Marifé, realizando las lecturas elegidas para el momento del intercambio ecuménico de dones espirituales. ¡Agradecemos estos dones, oh Señor!


Como siempre el momento dedicado a compartir un signo de paz entre todos es algo esperado y querido donde hermanos manifiestan su cariño

La oración concluyó con una bendición impartida por todos los sacerdotes y el pastor presentes en el encuentro. ¡Qué momento más precioso!

María José Escalona, religiosa de la Hermanas de la Caridad de Santa Ana, pronunció las palabras del envío:

Puedes ir en paz,
para amar y ser amado,
para acoger y pertenecer,
para servir y ser nutrido.


Fotografías gentileza de Mercedes Portella






domingo, 26 de enero de 2014

El papa Francisco se abraza en San Pablo con representantes ortodoxos y anglicanos

El Papa abre la puerta a una nueva "comprensión" del papel del Obispo de Roma en aras del ecumenismo.

"Hoy no se entendería plenamente sin incluir apertura al diálogo con todos los creyentes en Cristo" 


Una oración en común, frente a la tumba de San Pablo, unió a católicos, anglicanos y ortodoxos de la mano de Francisco. Unos minutos de rezo conjunto, con algunas risas, cercanía y hermandad. "¿Está dividido Cristo?", se preguntó Francisco en la conclusión de la semana de oración por la unidad de los cristianos en San Pablo Extramuros junto a Su Eminencia el Metropolita Gennadios, representante del Patriarcado Ecuménico, a Su Gracia David Moxon, representante personal del arzobispo de Canterbury en Roma. 

"Sólo él puede ser el principio, la causa, el motor de nuestra unidad", apuntó en sus palabras Bergoglio, quien incidió en que " no podemos considerar las divisiones en la Iglesia como un fenómeno en cierto modo natural, inevitable", sino más bien al contrario, trabajando por "el restablecimiento de la plena unidad visible de todos los creyentes en Cristo". 

Un camino para el que el Papa parece dispuesto a dar los primeros pasos. "También podemos decir que el camino ecuménico ha permitido profundizar la comprensión del ministerio del Sucesor de Pedro, y debemos confiar en que seguirá actuando en este sentido en el futuro", dijo Francisco, abriendo la puerta a una reformulación del ministerio del Obispo de Roma. Y concluyendo con un deseo compartido: "Que el Señor nos ayude a superar nuestros conflictos, nuestras divisiones, nuestros egoísmos, y a estar unidos unos a otros por una sola fuerza, la del amor". 



Estas son las palabras del Papa 

Queridos hermanos y hermanas

«¿Está dividido Cristo?» (1 Co 1,13). La enérgica llamada de atención de san Pablo al comienzo de su Primera carta a los Corintios, que resuena en la liturgia de esta tarde, ha sido elegida por un grupo de hermanos cristianos de Canadá como guión para nuestra meditación durante la Semana de Oración de este año.

El Apóstol ha recibido con gran tristeza la noticia de que los cristianos de Corinto están divididos en varias facciones. Hay quien afirma: «Yo soy de Pablo»; otros, sin embargo, declaran: « Yo soy de Apolo»; y otros añaden: «Yo soy de Cefas». Finalmente, están también los que proclaman: «Yo soy de Cristo» (cf. v. 12). Pero ni siquiera los que se remiten a Cristo merecen el elogio de Pablo, pues usan el nombre del único Salvador para distanciarse de otros hermanos en la comunidad. En otras palabras, la experiencia particular de cada uno, la referencia a algunas personas importantes de la comunidad, se convierten en el criterio para juzgar la fe de los otros.

En esta situación de división, Pablo exhorta a los cristianos de Corinto, «en nombre de nuestro Señor Jesucristo», a ser unánimes en el hablar, para que no haya divisiones entre ellos, sino que estén perfectamente unidos en un mismo pensar y un mismo sentir (cf. v. 10). Pero la comunión que el Apóstol reclama no puede ser fruto de estrategias humanas. En efecto, la perfecta unión entre los hermanos sólo es posible cuando se remiten al pensar y al sentir de Cristo Jesús (cf. Flp 2,5). Esta tarde, mientras estamos aquí reunidos en oración, nos damos cuenta de que Cristo, que no puede estar dividido, quiere atraernos hacia sí, hacia los sentimientos de su corazón, hacia su abandono total y confiado en las manos del Padre, hacia su despojo radical por amor a la humanidad. Sólo él puede ser el principio, la causa, el motor de nuestra unidad.

Cuando estamos en su presencia, nos hacemos aún más conscientes de queno podemos considerar las divisiones en la Iglesia como un fenómeno en cierto modo natural, inevitable en cualquier forma de vida asociativa. Nuestras divisiones hieren su cuerpo, dañan el testimonio que estamos llamados a dar en el mundo. El Decreto sobre el ecumenismo del Concilio Vaticano II, refiriéndose al texto de san Pablo que hemos meditado, afirma de manera significativa: «Con ser una y única la Iglesia fundada por Cristo Señor, son muchas, sin embargo, las Comuniones cristianas que se presentan a los hombres como la verdadera herencia de Jesucristo; ciertamente, todos se confiesan discípulos del Señor, pero sienten de modo distinto y marchan por caminos diferentes, como si Cristo mismo estuviera dividido». Y, por tanto, añade: «Esta división contradice clara y abiertamente la voluntad de Cristo, es un escándalo para el mundo y perjudica a la causa santísima de predicar el Evangelio a toda criatura» (Unitatis redintegratio, 1).

Queridos amigos, Cristo no puede estar dividido. Esta certeza debe animarnos y sostenernos para continuar con humildad y confianza en el camino hacia el restablecimiento de la plena unidad visible de todos los creyentes en Cristo. Me es grato recordar en este momento la obra de dos grandes Papas: los beatos Juan XXIII y Juan Pablo II. Tanto uno como otro fueron madurando durante su vida la conciencia de la urgencia de la causa de la unidad y, una vez elegidos a la Sede de Pedro, han guiado con determinación a la grey católica por el camino ecuménico. El papa Juan, abriendo nuevas vías, antes casi impensables. El papa Juan Pablo, proponiendo el diálogo ecuménico como dimensión ordinaria e imprescindible de la vida de cada Iglesia particular. Junto a ellos, menciono también al papa Pablo VI, otro gran protagonista del diálogo, del que recordamos precisamente en estos días el quincuagésimo aniversario del histórico abrazo en Jerusalén con el Patriarca de Constantinopla, Atenágoras.

La obra de estos predecesores míos ha conseguido que el aspecto del diálogo ecuménico se haya convertido en una dimensión esencial del ministerio del Obispo de Roma, hasta el punto de que hoy no se entendería plenamente el servicio petrino sin incluir en él esta apertura al diálogo con todos los creyentes en Cristo. También podemos decir que el camino ecuménico ha permitido profundizar la comprensión del ministerio del Sucesor de Pedro, y debemos confiar en que seguirá actuando en este sentido en el futuro. Mientras consideramos con gratitud los avances que el Señor nos ha permitido hacer, y sin ocultar las dificultades por las que hoy atraviesa el diálogo ecuménico, pidamos que todos seamos impregnados de los sentimientos de Cristo, para poder caminar hacia la unidad que él quiere.

En este ambiente de oración por el don de la unidad, quisiera saludar cordial y fraternalmente a Su Eminencia el Metropolita Gennadios, representante del Patriarcado Ecuménico, a Su Gracia David Moxon, representante personal del arzobispo de Canterbury en Roma, y a todos los representantes de las diversas Iglesias y Comunidades Eclesiales que esta tarde han venido aquí.
Queridos hermanos y hermanas, oremos al Señor Jesús, que nos ha hecho miembros vivos de su Cuerpo, para que nos mantenga profundamente unidos a él, nos ayude a superar nuestros conflictos, nuestras divisiones, nuestros egoísmos, y a estar unidos unos a otros por una sola fuerza, la del amor, que el Espíritu Santo derrama en nuestros corazones (cf. Rm 5,5)

Amén. 


FUENTE:
religiondigital.com



sábado, 25 de enero de 2014

Reflexiones en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos del Prof. Dr. Pedro Langa Aguilar, OSA. (IX)

Unidos... Proclamamos el mensaje evangélico



Sábado, 25 de enero 2013.- «Me ha enviado a dar la buena noticia a los pobres» (Is 61,1)

El oficio del Evangelio viene impuesto de arriba y hay que desempeñarlo siendo capaces de proclamar la buena noticia profetizada por Isaías, cumplida en Jesús de Nazaret, predicada por Pablo el apóstol, y recibida por la Iglesia. El ecumenismo insiste en el matiz de la unidad. Asunto nada baladí, por cierto, ya que evangelizar anunciando cada quien a su Cristo, y no al de la Iglesia –sublime forma de amar a la Iglesia de Cristo-, supone el riesgo de no ser creíbles. Pablo lo hizo «sin alardes de humana elocuencia» (1 Co 1,17), confiado sólo en el poder de la cruz. Había flotado la unidad en el cenáculo durante la oración sacerdotal, y luego en las agónicas horas del Calvario. Objeto, pues, de plegaria al Padre y de espasmódica y dolorosa muerte del Hijo. A un precio así, la unidad debe de ser sublime, de infinito valor; algo, en fin, por lo que apostar hasta la última gota de sangre. Y es que el Evangelio, hay que recordarlo siempre y por doquier, se hace relevante cuando somos testigos de la obra de Jesucristo en nuestras propias vidas y en la vida de la comunidad cristiana.

El ecumenismo, por eso, tiende a comprender y amar a los herederos de otras culturas igualmente válidas para el inapreciable tesoro de la noticia de Jesús. Promueve una verdadera aristocracia de unidad en la verdad, de pluralidad en la unidad, y de pluriculturalidad en una sola y única cristiandad. Lo puso de relieve el nuevo papa copto de Alejandría, Tawadros II, durante su visita en mayo de 2013 al papa Francisco. La rica y ancestral cultura egipcia de Tawadros II dialogó en esas horas con la romano-cristiana de Francisco probando que la unidad en Cristo puede hacernos mejores testigos de su palabra. Pero la Iglesia de Alejandría llegó al Vaticano llena de moratones por tanta persecución desatada desde la «primavera árabe». Dado su especial cariño por las Iglesias perseguidas, Francisco se apresuró a subrayar entonces el valor del «ecumenismo del sufrimiento», confiando en que la sangre de los mártires de la Iglesia copta «pueda –dijo- convertirse en instrumento eficaz de unidad». Aquello, sin embargo, no paró, y la pasada Navidad en Egipto ha tenido que estar marcada para los sufridos coptos ortodoxos, por un fuerte despliegue policial de protección y vigilancia. Al menos 48 iglesias cristianas han sido ya objeto de ataques y agresiones de marca islamista desde el pasado agostode 2013. La Navidad, sin embargo –menos mal-, contó esta vez, según la agencia Fides, con el laudable gesto del presidente interino Adli Mansour, que el 5 de enero de 2014, antes de las celebraciones, se dignó visitar al patriarca Tawadros II en su catedral.

No perdió el papa copto la oportunidad de recordar el sentido de la visita de los Magos. Venidos de Oriente, ofrecieron al Niño dones de rey que representan la vida del hombre caracterizada por el oro, el incienso y la mirra. «Lo que significa –puntualizó- que cada uno de nosotros, en su vida tiene días de oro, días de incienso y días de mirra». Afirmó igualmente el Patriarca que el «nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, nos infunde esperanza, coraje y una vida nueva». Haga el Octavario que hoy termina, en fin, que, unidos en su diversidad, los cristianos proclamen juntos la buena noticia de la vida, muerte y resurrección de Cristo a un mundo de Él tan necesitado. Es decir, que anuncien un Evangelio de redención, de unidad, de luz y de paz.

Pedro Langa Aguilar




CONCIERTO POR LA UNIDAD

El próximo sábado, día 25 de enero, festividad de la Conversión de San Pablo, organizado por Delegación episcopal de Ecumenismo y Diálogo interreligioso en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de Begoña, calle Daroca num. 34, ZARAGOZA. A las 20'00 horas, tendrá lugar el Concierto por la Unidad, a cargo de la Orquesta sinfónica y Capilla del Pilar.

Estamos todos invitados a este acto enmarcado dentro de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos.



viernes, 24 de enero de 2014

Reflexiones en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos del Prof. Dr. Pedro Langa Aguilar, OSA. (VIII)

Juntos... PERTENECEMOS A CRISTO


Viernes, 24 de enero 2013.- «Cuando un miembro sufre, todos los demás sufren con él» (1 Co 12,26).

Nuestro bautismo nos une como un cuerpo en Cristo. Aunque valoramos nuestras Iglesias particulares, Pablo nos recuerda que todos los que invocan el nombre del Señor están con nosotros en Cristo, porque todos pertenecemos al mismo cuerpo. No hay nadie a quien podamos decir «No te necesito» (1 Co 12,21). La unidad de los cristianos está ligada al designio de Dios de la unidad de toda la humanidad y, en definitiva, unidad de todo el cosmos. El papa Francisco ha dejado escrito en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium que, «Dada la gravedad del antitestimonio de la división entre cristianos, particularmente en Asia y en África, la búsqueda de caminos de unidad se vuelve urgente. Los misioneros en esos continentes mencionan reiteradamente las críticas, quejas y burlas que reciben debido al escándalo de los cristianos divididos» (EG, 246).

Su dolor por la persecución de los cristianos en el mundo es grande. Sirva de ejemplo lo de Oriente Medio. Como prueba, valga traer a la memoria la audiencia concedida el 2/12/2013 al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, con quien trató de la difícil situación de los cristianos en Tierra Santa.Ysus palabras durante la misa del 9/12/2013 en la Casa de Santa Marta, concelebrada con el Patriarca de Alejandría de los Coptos Católicos, Ibrahim Isaac Sidrak: «Recemos para que en Tierra Santa y en todo Oriente Medio la paz se alce de nuevo tras las paradas recurrentes y dramáticas y que, en cambio, cesen por siempre la enemistad y las divisiones». La histórica ciudad de Malula, símbolo del cristianismo en esa región, volvió a sufrir la acción de los yihadistas islámicos en la tarde del 3/12/2013: según la agencia de noticias Asia News, el nuncio apostólico en Damasco, monseñor Mario Zenari, denunció que doce religiosas de nacionalidad siria y libanesa del convento griego ortodoxo de Santa Tecla habían sido secuestradas por un grupo de radicales. El nuncio, además, puesto al habla con el Patriarcado ortodoxo griego, hizo «un llamado a todos los católicos a orar por las religiosas». Fuera del Oriente Medio, Zenit anunciaba el 17/12/2013 que los cristianos en Nigeria, sólo por ser fieles a su fe, sufren persecución. Y es que, Boko Haram (que significa "la educación occidental es pecado") quiere imponer la ley islámica, la sharia, en todos los estados del país. Estos terroristas atacan a la Iglesia católica, a los evangélicos, al Gobierno actual que no es musulmán, a la policía, al Ejército, a las universidades, a las entidades bancarias… Ya se ve, pues, que Oriente Medio se queda corto.

«Cuando un miembro sufre,todos los demás sufren con él» (1 Co 12,26). Produce sonrojo que en pleno siglo XXI todavía no se respeten los derechos humanos, y la sola pertenencia a Cristo siga pagándose con la vida. Pero tal vez sea más inquietante aún que«pertenecer a Cristo» el que a menudo se utilice su Nombre para dividir a los cristianos en vez de unirlos. Urge, pues, un ecumenismo a tope y una oración intensa a Dios, que nos bendice a todos y a cada uno de los miembros del cuerpo de Cristo con los dones de su Espíritu, para que nos ayude a sostenernos los unos a los otros, a respetar nuestras diferencias y a trabajar por la unidad de los que en todo el mundo invocan a Jesús como Señor. Estamos bendecidos por los dones de las distintas tradiciones eclesiales. Reconocerlos en los demás empuja hacia la plena unidad visible. Es, cabalmente, lo que el ecumenismo pide y por lo que el ecumenismo trabaja.

Pedro Langa Aguilar


CONFERENCIA - CONCIERTO

Dentro de los actos organizados por el EQUIPO ECUMÉNICO SABIÑÁNIGO con motivo de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos se ha programado la siguiente Conferencia y el Concierto que será a continuación. Os adjuntamos el cartel.





OS ESPERAMOS
ENTRADA LIBRE



jueves, 23 de enero de 2014

Reflexiones en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos del Prof. Dr. Pedro Langa Aguilar, OSA. (VII)

Juntos... BUSCAMOS RECUPERAR LA ARMONÍA


Jueves, 23 de enero.- «No haya entre vosotros divisiones, antes bien, (permaneced) unidos en una misma mentalidad y un mismo juicio» (1 Co 1,10).

La desunión de Corintios (1 Co 1,12-13) refleja una distorsión del Evangelio que socava la integridad del mensaje de Cristo. Reconocer el conflicto, como «los de Cloe», es el primer paso para conseguir la unidad. Se ha cumplido el 5 de enero de 2014 el 50º aniversario del encuentro de Pablo VI y Atenágoras I en Jerusalén: aquel histórico y dulcísimo abrazo propició recuperar la armonía de la Iglesia indivisa.

«Si tú vienes conmigo, yo también iré» (Jc 4,1-9): Las voces proféticas de mujeres como Débora y Cloe pueden hacer que el pueblo se junte en una renovada unidad para la acción. «Busca la paz y anda [corre] tras ella» (Sal 34,15): Mientras,esforcémonos por llegar a la unidad en el mismo pensar y sentircomo escribió el salmista. Su exhorto fue diáfano propósito entre Pablo VI y Atenágoras I. Uno y otro eran conscientes de un pasado turbulento entre ambas Iglesias, donde llegó a cuadrar dolorosamente la frase de san Lucas: «Entre ellos (Apóstoles) hubo también un altercado sobre quién de ellos parecía ser el mayor» (Lc 22,24)

Pero sabían asimismo, desde el primer paso dado en Jerusalén, que lo abierto con tanta maravilla siendo dóciles a lo que el Espíritu Santo dice a las Iglesias, debían ellos proseguirlo atentos siempre a no dejar pasar de largo las posibilidades que el mismo Espíritu Santo les ofreciera. De ahí los sucesivos encuentros en Constantinopla y en Roma. Decía Pablo VI el 24 de enero de 1972 al recibir el Tomos Agapis de manos del metropolita Melitón de Calcedonia: «Debemos estar decididos a marchar hacia adelante, convencidos de que la prudencia exige y guía al mismo tiempo el valor fundado en la fe. Nuestra marcha en común ha creado una nueva situación entre nosotros, que puede ser el comienzo de un nuevo progreso y nos permite vislumbrar nuevas soluciones». 

Atenágoras I, por su parte, le respondía el 22 de junio del mismo 1972: «Somos conscientes con Vuestra Santidad carísima de cuán indispensable es fomentar cada vez más en nuestras Iglesias el espíritu de fraternidad y de verdad para que seamos uno en Jesucristo». Y los hitos de este proceso no faltaron: Pablo VI visitó al Patriarca de fluvial barba blanca en Fanar (Constantinopla) proponiendo pistas tendentes hacia la inter-comunión de la plena comunión. Fue el 25 de julio de 1967. «La caridad –afirmó entonces Pablo VI- es el medio vital necesario para la plenitud de la fe, y la comunión en la fe es la condición de la plena manifestación de la caridad, que tiene su expresión en la concelebración». Atenágoras I repuso: «Obedeciendo a sus palabras y a su voluntad, tendemos hacia la unión de todos, a la plena comunión de la caridad y de la fe, realizada en la concelebración del cáliz común de Cristo, en la impaciente espera y en la esperanza de Aquel que vendrá a consumar los tiempos y la historia juzgando a vivos y muertos». Memorables deseos de uno y otro que, desdichadamente, no se han visto cumplidos hasta la fecha. Buscaron recuperar la armonía y eso les honra. Bueno será que el Espíritu Santo nos convierta en artífices de reconciliación, unidos en un mismo pensar y sentir, hasta lograr, en divino y melodioso acorde, la gracia de la plena comunión. Ojalá nos depare tangibles novedades al respecto el proyectado viaje a Tierra Santa de Francisco y Bartolomé I juntos, allá para el 24-26 de mayo, gozosos en el camino de la Pascua y al amparo de una florida primavera junto a la Anástasis.

Pedro Langa Aguilar



miércoles, 22 de enero de 2014

Reflexiones en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos del Prof. Dr. Pedro Langa Aguilar, OSA. (VI)

Juntos... HEMOS SIDO ELEGIDOS PARA VIVIR EN COMUNIÓN


Miércoles, 22 de enero.- «Si caminamos en la luz, como él mismo está en la luz, estamos en comunión unos con otros» (1 Jn 1,7)

Esto conduce a concluir redondamente que la unión con Dios, Luz y Amor, se reconoce en la fe y en el amor fraterno. Hablando precisamente del amor, Jesús deja claro que su mandamiento consiste en que nos amemos los unos a los otros como él nos amó (cf. Jn 15,12-17). Tomó la iniciativa y cambió nuestra relación con Él al llamarnos amigos en vez de siervos. Como respuesta a tanta finura de amor se nos convoca a salir de relaciones de poder y de dominio y a establecer, en cambio, relaciones de amistad y de amor con los demás. O sea, a terminar con el egoísmo y abrirnos al gozo del altruismo.

Del conocido y renombrado y breve salmo que dice: «¡Qué bueno, qué agradable es que los hermanos vivan juntos!» (Sal 132,1), comenta la Patrística que resulta de sonido tan agradable que aun los que ignoran el Salterio cantan con indecible suavidad este verso. Tampoco san Agustín se paró en barras al suministrar detalles: «Estas palabras del Salterio, este dulce sonido, esta grata melodía tanto en el cántico como en la comprensión –dice-, dio origen a los monasterios. Ante esta voz –prosigue luego explicativo el mismo Obispo de Hipona- se animaron los hermanos que anhelaron habitar unidos. Este verso fue la trompeta para ellos. Sonó por todo el orbe de la tierra, y los que se hallaban separados fueron congregados» (In Ps. 132,2). Cabría decir que es como el diapasón de la comunión para la sinfonía de la unidad. 

Tal vez no sea casual que el ecumenismo haya redescubierto el interés que para la Magna Iglesia despertaba este género de vida a la que san Agustín se refiere. Nombres emblemáticos como Chevetogne, Grandchamp, Taizé, Bose, y nada se diga ya del Monasterio invisible, sobre el que pródigamente escribió el P. Couturier, amén de tantos y tantos otros referentes monásticos de vida ecuménica, lo corroboran cumplidamente. Llamados a la comunión con Dios Padre y con su Hijo, Jesucristo, y con el Espíritu Santo, a medida que nos acercamos al Dios Trino, se acusa más la fuerza que nos empuja a acercarnos unos a otros caminando hacia la unidad de los cristianos. Además de teándrica, la causa de la unidad es trinitaria. Y eclesial. 

Las palabras con que Dios anima y consuela a Israel por el profeta Isaías abonan esta misma idea de comunión: «No temas, que yo estoy contigo» (Is 43,5). Llamados por Jesús, damos testimonio del evangelio tanto a quienes aún no lo han oído como a los que sí lo han hecho. Semejante proclamación implica una llamada a la unión con Dios y establece una koinonía entre los que responden. Lo que en ecumenismo importa es averiguar de qué manera experimentamos esa llamada a la comunión con Dios. Y de qué modos, concretos o inconcretos, Dios te llama, dentro y fuera de tu Iglesia, a la comunión con los demás.

El ecumenismo nos proyecta hacia un espacioso horizonte de luz y amor; hacia ese inmenso océano congregacional entre Iglesias llamado Ecumene. Dios, Padre de amor, nos llama a la unión con su Hijo pidiendo a la vez que demos fruto en nuestro testimonio del Evangelio. Y claro es que todo esto es gracia, es vida de Dios en nosotros y con nosotros. De ahí la súplica al Espíritu Santo, necesaria en todo este negocio, pidiéndole que su luz santísima nos haga capaces de amarnos mutuamente y permanecer así unidos para que nuestra alegría sea completa. 

Pedro Langa Aguilar

martes, 21 de enero de 2014

Reflexiones en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos del Prof. Dr. Pedro Langa Aguilar, OSA. (V)

Juntos... afirmamos que Dios cumple su palabra


Martes, 21 de enero.- « Tu amor, Señor, no cesa, ni tu compasión se agota », podemos leer en el libro de las Lamentaciones (Lm 3,19-26: 22).

Más positivo se muestra el salmista con la inmensidad de Dios: «Tu amor llega hasta el cielo» (Sal 57,7-11). Y el autor de la Carta a los Hebreos, en fin, elige la fidelidad divina: « Quien ha hecho la promesa es fiel» (Hb 10,19-25). Consuela, pues, y mucho, saber que tan celestiales prerrogativas –amor inagotable, inmensidad y fidelidad de Dios- no se limitan a la insondable vida interior de la Trinidad santísima, sino que salen afuera y nos bendicen: Zacarías abunda en la idea cuando en el canto del Benedictus recuerda que el Señor ha venido a auxiliar y a dar libertad a su pueblo y Dios es fiel a su santa alianza (cf. Lc 1,67-75). Y a la unidad de su Iglesia también.


Lo cual viene implícitamente a poner de manifiesto que la unidad eterna del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo nos penetra y se nos allega corazón adentro por el divino atajo del amor; nos llama a participar en la obra de Dios en el mundo, que es amor, misericordia y justicia. La misericordia y la justicia no están reñidas en Dios; al contrario, van estrechísimamente unidas en el amor inquebrantable manifestado en su alianza con nosotros y con toda la creación. Debiera esto cundir en los quehaceres ecuménicos, donde a menudo, por desgracia, se actúa more pelagiano, como si todo fuese cometido de las solas fuerzas humanas y del acaso, cuando lo cierto es que en esa ciencia de Dios que llamamos teología, nada sucede al acaso ni porque sí: todo, más bien, debe ser entendido y abrazado a la luz del misterio salvífico.

Francisco, el papa, declara en su reciente Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium que «Los signos de división entre los cristianos en países que ya están destrozados por la violencia agregan más motivos de conflicto por parte de quienes deberíamos ser un atractivo fermento de paz. ¡Son tantas y tan valiosas las cosas que nos unen! Y si realmente creemos en la libre y generosa acción del Espíritu, ¡cuántas cosas podemos aprender unos de otros! No se trata sólo de recibir información sobre los demás para conocerlos mejor, sino de recoger lo que el Espíritu ha sembrado en ellos como un don también para nosotros. Sólo para dar un ejemplo, en el diálogo con los hermanos ortodoxos, los católicos tenemos la posibilidad de aprender algo más sobre el sentido de la colegialidad episcopal y sobre su experiencia de la sinodalidad. A través de un intercambio de dones, el Espíritu puede llevarnos cada vez más a la verdad y al bien» (EG, 246). Urge, sencillamente, descubrir a Dios en el que va o llevo a mi vera. 

Mientras seguimos rezando por la unidad de los cristianos, pues, bueno será fomentar el reunirnos y animarnos mutuamente, alentándonos al amor y a las buenas obras, y diciendo: Dios cumple su palabra. Debiéramos sobre todo indagar de qué manera constatamos la fidelidad de Dios en nuestra vida, en la de nuestra comunidad, en el ecumenismo. Y de qué modo, en fin, nos anima ella a perseguir y proseguir el objetivo de la unidad de los cristianos. A la espera en esperanza de la plena unidad visible de la Iglesia trabajemos y recemos juntos. La súplica de este día del Octavario podría cifrarse precisamente en pedirle a Dios que nos llene de confianza en sus promesas, lo que supone añadir su unidad. Confianza en la unidad trinitaria, cristológica, eclesial: en la unidad del pueblo de Dios.

Pedro Langa Aguilar


lunes, 20 de enero de 2014

Reflexiones en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos del Prof. Dr. Pedro Langa Aguilar, OSA. (IV)

JUNTOS... DE NINGÚN DON CARECERÉIS


Lunes, 20 de enero.- «¿Por qué estáis hablando de que no tenéis panes? » (Mc 8,17).  

Venerar al Señor es sabiduría y huir del mal es inteligencia (cf. Jb 28,20-28).De una y otra el salmista hace profuso gasto cuando reconoce que Dios es pródigo en sus dádivas: Abres generosamente tu mano –dice- y sacias a todo ser viviente (cf. Sal 145, 10-21). En el llamamiento a la unidad de Pablo a los efesios, tampoco falta el oportuno inciso de que «a cada uno de nosotros le ha sido concedido el favor divino a la medida de los dones de Cristo» (Ef 4,7). Sencilla manera de referirse a las gracias particulares destinadas al servicio de la Iglesia, y de añadir que si Él mismo dio a unos el ser apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelizadores, etc., ello ha sido «para edificación del Cuerpo de Cristo, hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios »(Ef 4, 12-13). El Octavario, en fin, señala hoy la multiplicación de los panes, y cómo los discípulos, incapaces de comprender el sentido sobrenatural de la levadura de los fariseos y de Herodes, hablaban entre sí de que no tenían panes. «¿Por qué estáis hablando de que no tenéis panes?» (Mc 8,17). Este dulce reproche por haber visto y seguir sin comprender representa toda una invitación a que superen sus preocupaciones materiales y piensen, más bien, en la misión eterna de Jesús, ilustrada por sus milagros. 

Precisamente la disponibilidad de Jesús hacia el pan nos adentra en un horizonte más espacioso: no ya sólo en el pan de la Eucaristía, con sus añadidos de la hospitalidad eucarística y la intercomunión, sino también en el pan de la palabra y sus afines las misiones y la nueva evangelización. Incluso el pan de la unidad. Job se percata de que, aunque todo se le ha quitado, la veneración del Señor permanece, y eso es sabiduría, la que nos introduce en el corazón de Dios. Como hermanos y hermanas en Cristo, pese al empobrecimiento por nuestras divisiones, todos, no obstante, hemos sido agraciados con el abundante pan de dones espirituales y materiales, para la edificación de su cuerpo.

También nosotros, como en Marcos los discípulos, olvidamos a veces nuestra verdadera riqueza: nos dividimos, hablamos y actuamos como si nos «faltara el pan». Dejamos así entrever algo peor que una carencia de pan: la desconfianza en el poder de Dios. Cristo es de todos y murió y resucitó por todos. La multiplicación de los panes ayuda a comprender que juntos tenemos, unos y otros, suficientes dones como para compartir entre nosotros y con «todo ser viviente». Urge, pues, la catarsis de la conversión: recuperar ese olvido en que hemos dejado la abundancia de la gracia de Dios al proclamar, en cambio, que «falta el pan». Y sobre todo se impone hacer acopio de disponibilidad a compartir mejor las bendiciones espirituales y materiales a todos confiadas. 

Bendigamos, pues, a Dios por habernos agraciado con tanta dádiva para alcanzar en madurez y plenitud la talla de Cristo: por la sabiduría, por los dones de servicio y por el pan. Aspiremos a ser signos del próvido cuerno de su abundancia, reunidos en la unidad para llevar las riquezas de su Reino a todos los lugares donde haya carencia y dolor. Hora es de afinar: que los cristianos pospongan sus diferencias y pidan unánimes en el nombre de Aquel cuya misión fue llevar alimento y calor a todos los hombres y cuya dulce compañía itinerante se dejó reconocer en Emaús al partir el pan. Así juntos y así generosos, de ningún don careceremos.

Pedro Langa Aguilar




¿Es que Cristo está dividido?

Actos en Sabiñánigo con motivo de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, organizados por el EQUIPO ECUMÉNICO SABIÑÁNIGO.
 

Miércoles 22 enero 2014.
ORACIÓN ECUMÉNICA POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS
¿Es que Cristo está dividido?
Homilía: D. Ramón Clavería, sacerdote de la iglesia católica romana
20’00 horas
LUGAR: Salón Club Parroquial Cristo Rey
SABIÑÁNIGO


Viernes 24 enero 2014.
CONFERENCIA – CONCIERTO 

(Con la colaboración del Ayuntamiento de Sabiñánigo)
“Juventud, Justicia Social y Fe”
por Ana Bou Sola.
Seguidamente actuación de la Coral “Santa Elena” de Biescas
19’30 horas
LUGAR: Casa de la Cultura Antonio Durán Gudiol
SABIÑÁNIGO







domingo, 19 de enero de 2014

Reflexiones en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos del Prof. Dr. Pedro Langa Aguilar, OSA. (III)

Juntos... damos gracias sin cesar a Dios

Domingo, 19 de enero.- «Quien inició en vosotros la buena obra, la irá consumando hasta el Día de Cristo Jesús» (Flp 1,6).

Consuela saber que es plenamente homologable a este principio paulino la unidad de la Iglesia.El salmista aconseja dar gracias a Dios y bendecir su nombre (cf. Sal 100). Y Pablo, por su parte, eleva hacia el Altísimo el purísimo incienso de su acción de gracias en favor de los amados filipenses (cf. Flp 1, 3-11). Si Dios nos comunica por medio de Jesucristo su gracia y verdad (cf. Juan 1, 1-18), ¿tan ciegos vamos a ser que no adivinemos también como suya la inapreciable perla de la unidad eclesial? Reconocerlo sería ya un modo de darle gracias sin cesar por tan divino tesoro.

La gratitud brota del corazón convencido de su presencia entre nosotros y en nuestro entorno. Es, además, la capacidad de recibir la gracia de Dios, viva y activa en cada uno y en los pueblos todos por doquier, siendo por ello agradecidos. Tan grande y contagiosa es su alegría que se extiende incluso a los inmigrantes venidos a nuestras costas con ánimo de quedarse. Vista en contexto ecuménico, la gratitud significa ser uno capaz de contagiar alegría por los celestiales dones presentes en otras comunidades cristianas. Entraña también abrir la puerta del corazón a un desinteresado compartir aprendiendo los unos de los otros al hacerlo y afinando así en la práctica. Todo lo cual resulta compatible con la esencia misma de la gracia, difusiva de suyo y, cual esplendorosa luz del Cirio pascual, sin mengua de sí misma.

Por mucho que lo nieguen quienes padecen dioptrías para verlo, es preciso reconocer que la vida, toda vida, es don de Dios: y lo es desde el momento mismo de la creación, pasando por ese otro de la plenitud de los tiempos, cuando Dios se hizo carne en la vida y el trabajo de Jesús, hasta esta hora nuestra posmoderna. De ahí la necesidad de agradecerle a Dios tantos dones de amor y verdad otorgados en Cristo Jesús, manifestados entre nosotros y en nuestras Iglesias. La unidad eclesial se reduce, a fin de cuentas, a divina gracia, fraternidad, unidad y verdad. ¡Ay si los cristianos antepusieran este convencimiento a vivir empeñados en exagerar sus diferencias! ¡Otro gallo le cantara al movimiento ecuménico!

Debe aspirar éste mayormente a discernir, valorar y asumir los dones de otras tradiciones eclesiales: fomentando los ya experimentados en nuestras propias comunidades, y ponderando y haciendo propios también los que laten aún desconocidos. La preocupación ecuménica, pues, debiera cifrarse en averiguar de qué manera podrían los cristianos de diferentes tradiciones compartir mejor tanta divina dádiva. Afortunadamente, Dioses de todos. Lo cual significa que sobran exclusivismos en la vida cristiana. Hoy el Octavario invita a elevar oraciones al Dios misericordioso agradeciéndole sus dones en nuestra propia tradición y en las de otras Iglesias. Ojalá el Espíritu Santo suscite, mediante los encuentros interconfesionales, vivir –y beber- el vino añejo de la unidad en los odres nuevos de la fraternidad.

Pedro Langa Aguilar




sábado, 18 de enero de 2014

Reflexiones en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos del Prof. Dr. Pedro Langa Aguilar, OSA. (II)

Juntos... estamos llamados a ser santos


Sábado, 18 de enero.- «¿Está dividido Cristo?» (1 Co 1,13). 

En ecumenismo solemos traer a cuento lo de la túnica inconsútil de Jesús, que las Iglesias divididas, por su pertinaz distanciamiento, diríase que se empeñan en dejar hecha jirones. El Vaticano II, sin embargo, fue todavía más lejos cuando, al afirmar que «promover la restauración de la unidad entre todos los cristianos» era uno de sus principales propósitos, argumentó así: «Porque una sola es la Iglesia fundada por Cristo Señor; muchas son, sin embargo, las Comuniones cristianas que a sí mismas se presentan ante los hombres como la verdadera herencia de Jesucristo; todos se confiesan discípulos del Señor, pero sienten de modo distinto y siguen caminos diferentes, como si Cristo mismo estuviera dividido (cf. 1 Co 1,13)» (UR, 1). O sea que no se trata sólo de la túnica, sino que afecta al propio cuerpo de Cristo.

Las lecturas del Octavario para este día insisten en una asamblea que es toda ella preciada posesión, pueblo llamado a ser «reino de sacerdotes, nación consagrada» (Ex 19, 3-8). Más aún, nos consideran con el salmista el pueblo que apacienta, el rebaño que él guía (cf. Sal 95, 1-7). San Pedro concretamente lo precisa con mayor intensidad cuando, a propósito del nuevo sacerdocio, escribe de «vosotros que en un tiempo no erais pueblo y que ahora sois Pueblo de Dios»(1 Pt 2,10). Si el propio Jesús afirmó que todo el que hace la voluntad del Padre que está en los cielos, «ése es mi hermano, y mi hermana y mi madre»(cf. Mt 12,50), ¿qué no diría hoy a los cristianos divididos para recordarles que la voluntad del Padre se cifra en mantener, por encima de todo, una Iglesia unida?

El incontestable aserto paulino es que juntos, quienes invocamos el nombre del Señor, «santificados en Cristo Jesús estamos llamados a ser santos» (1 Co 1, 2). Lo que supone tanto como decir que en la primera carta de san Pedro nuestra pertenencia a la comunión de los santos se entiende como resultado de que Dios nos llama juntos a ser raza elegida, sacerdocio real, pueblo de su posesión, en definitiva Iglesia. Unido a esta vocación va tambiénel deber compartido de «proclamar las grandezas de quien nos llamó de las tinieblas a su luz maravillosa». Pero hay más: en Mateo descubrimos que, por ser comunión de los santos, nuestra unidad en Jesús se debe extender más allá de nuestra familia, de nuestro clan o de nuestra clase, al rezar juntos por la unidad y buscar el hacer juntos la voluntad de Dios.

El Octavario es tiempo de especiales súplicas por la unidad; de oración intercongregacional, de plegaria compartida. Cabalmente, cuando así actuamos, no hacemos sino secundar la llamada que estas lecturas bíblicas de hoy proponen, o sea: que nuestro celeste destino a ser «nación consagrada» nos obliga a ir más allá del contexto cristiano más próximo. Hemos de aspirar, por tanto, a un mundo donde los pueblos de todas las naciones estén unidos en el pensamiento, la palabra y la acción. Un mundo en el que las relaciones con los otros sean de fraternidad, armonía y caridad en la verdad. Un mundo, en fin, donde vivamos trabajando y trabajemos viviendo para que el hambre, la pobreza, la ignorancia y la enfermedad desaparezcan y se facilite así la llegada del Reino de Dios. Nada de un Cristo roto, pues. Nada de divisiones, altercados, enfrentamientos y pendencias. Al contrario, un Cristo que a todos nos convoca y al que unos y otros podemos descubrir en los demás. El de Cristo, en resumen, no es rostro de divisiones. Lo es, más bien, de unidad en la fraternidad.

Pedro Langa Aguilar