Todos juntos
Un espacio propuesto por EQUIPO ECUMÉNICO SABIÑÁNIGO

martes, 15 de enero de 2013

Preparando la Semana de Oración por la Unión de los Cristianos


EL ECUMENISMO COMO DON Y GRACIA


En estos momentos de meseta y estancamiento en tantas dimensiones de la vida, entre ellas el compromiso ecuménico, es necesario mantener la mirada fija en Jesús que dio su vida para que "hubiera un solo rebaño, un solo pastor" y que oró "que todos sean uno" "que vivan unidos", y así no perder la inspiración ni la esperanza, cayendo en el pesimismode nuestros límites humanos. No podemos olvidar, pues es algo significativo, que Jesús expresara su deseo de unidad no en una doctrina o mandamiento, sino en una plegaria al Padre.

La Unidad es un don de lo alto. La plegaria de la Unidad es una humilde, pero esperanzada participación en la plegaria de Jesús, quien prometió que toda oración hecha en su nombre será escuchada por el Padre: "Si vivís unidos a mí y mi mensaje sigue vivo en vosotros, pedir lo que queráis y lo obtendréis"(Jn.15,7). Por eso la plegaria en común, si es con otros cristianos mejor, es un medio muy eficaz para impetrar la gracia de la Unidad. Es algo que invitamos hacer a las diversas comunidades. No por casualidad, los pioneros de la Unidad y la reconciliación siempre han sido mujeres y hombres de oración y contemplación, que supieron inspirar la renovación del compromiso para recorrer el camino de la Unidad de los cristianos.

Por otra parte, viviendo el ecumenismo desde esta espiritualidad despierta en los creyentes y las Iglesias la llamada a "la conversión del corazón y la santidad de vida". Cuando el creyente descubre el deseo de Cristo por la unidad de los suyos, se identifica con este deseo, se da cuenta en su corazón, en su mente y en su plegaria, de la dolorosa herida de la división, frente a esa situación actual de estar acostumbrados a vivir divididos. Como dice el padre Congar "bajo la dirección del Espíritu Santo comprendemos mejor el escándalo de la división", o como afirma el Concilio Vaticano II en Unitatis Redintegratio 1: "la inquietud por la Unidad ha llegado a muchas almas de todo el mundo por el impulso del Espíritu Sonto". En todo lo relacionado con la Unidad puede muy bien aplicarse lo que dice el Salmo 127: "Si el Señor no construye la casa, en vano se afanan fatigándose los constructores. Si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilan los guardas".

Por ello, los verdaderos ecumenistas están convencidos de que se necesita un milagro para llegar a la Unidad, pues esta no debe plantearse como problema, sino como misterio.

Misterio en el cual solamente podemos entrar de rodillas.

Así, la oración es el corazón del ecumenismo. Oración que conlleva la conversión personal y eclesial, el abandono a la voluntad de Dios y el arrepentimiento por ir en contra de esta voluntad. Así, como el diálogo, que convierte el encuentro con el otro en un don, ya que "con gozo descubrimos los tesoros que hay en las otras iglesias y que la obra del Espíritu Santo en ellas puede conducirnos a nuestra edificación".

Resumiendo, podemos afirmar que el propósito de reconciliación de todos los cristianos en la unidad de la Iglesia de Cristo, supera las fuerzas y las dotes humanas, y por eso debemos poner toda nuestra esperanza en la oración de Cristo por la Iglesia, en el amor del Padre por nosotros y en la fuerza del Espíritu Santo.

La unidad de los cristianos es un sueño loco, lleno de dificultades, que en su fragilidad tiene mucha experiencia de Cruz, de impaciencia y paciencia, que se esfuerza y sabe esperar, que mueve a trabajar apasionadamente por la Unidad, sabiendo que todo queda en manos de Dios: la Unidad que Cristo quiera, por los medios que él quiera y cuando él quiera.

Jesús Domínguez Longas
Delegado Episcopal de Ecumenismo
y Diálogo interreligioso. Zaragoza.

No hay comentarios:

Publicar un comentario