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domingo, 27 de enero de 2013

Apoyo a Tierra Santa


Comunicado final de la Coordinadora de Conferencias Episcopales en Apoyo a los Cristianos de Tierra Santa

"Nuestra fe se ha enriquecido con el valor y la fortaleza de las personas que hemos encontrado"

Desde que los Obispos que forman parte de la Coordinadora de las Conferencias Episcopales en apoyo a los Cristianos de Tierra Santa se reunieron en enero de 2012, el pueblo de esta región ha vivido acontecimientos oscuros y dramáticos: el conflicto en Gaza y el sur de Israel; la guerra civil en Siria, que ha dado lugar a un gran número de refugiados que han tenido que huir hacia otros países, produciéndose una enorme tensión sobre sus recursos; y un aumento de la polarización entre Israel y Palestina. Estos hechos han supuesto un profundo desasosiego para todos en esta región, para los israelíes, palestinos, judíos, musulmanes, y en particular para la menguante población cristiana.

Este año hemos podido tener encuentros con comunidades Cristianas de Gaza, Belén, Beit Jala, Mádaba y Zarqa. En el Valle de Cremisán hemos tenido conocimiento sobre las luchas legales para proteger las tierras de las poblaciones locales y las instituciones religiosas en cuanto a la invasión que significa la Barrera de Seguridad ("el Muro"). Nos comprometemos a continuar instando a nuestros respectivos gobiernos a que actúen para evitar esta injusticia. Hemos podido escuchar un testimonio conmovedor por parte de las religiosas implicadas en la atención a trabajadores emigrantes, víctimas de la trata y presos.

Nuestra fe se ha enriquecido con el valor y ​​la fortaleza de las personas que hemos encontrado: aquellos con los que hemos compartido una gozosa celebración de la Misa en Zarqa, Jordania; los que cuidan de personas vulnerables, como los refugiados de Siria y de Irak que huyen del terror y la violencia; los que luchan contra la opresión y la inseguridad en los países que conforman la Tierra Santa. Hemos captado la necesidad de promover una paz justa y una llamada a las comunidades Cristianas en nuestros países de origen y a las personas de buena voluntad de todo el mundo para que apoyen la labor que se lleva a cabo en esta región para construir un futuro mejor. Buenos ejemplos son los dos organismos que hemos visitado: el Servicio Católico de Ayuda de EE.UU. (Catholic Relief Services) en Gaza y el programa para los refugiados de Cáritas de Jordania.

También hemos escuchado la llamada a reconocer y a comunicar a todos como la fe en Dios ilumina la vida de las personas en la Tierra Santa. Una de las maneras de llevarlo a cabo es el compromiso de la Iglesia en favor de la educación, una inversión tangible para el futuro. Uno de los lugares donde esto se hace más evidente es en la Universidad de Belén, donde nos impresionaron los testimonios de los estudiantes, y en la Universidad Americana de Mádaba, en Jordania. En 2009, el Papa Benedicto XVI exhortó a profesores y estudiantes de la región a ser constructores de una sociedad justa y pacífica formada por personas de diferentes orígenes religiosos y étnicos.

Conjuntamente con los Obispos locales, animamos a dar un apoyo práctico a las personas vulnerables, a la formación de los jóvenes y a todos los esfuerzos por la promoción de la paz. Animamos a los cristianos a venir en peregrinación a Tierra Santa, donde experimentarán la misma cálida hospitalidad que nosotros hemos recibido. Trabajaremos fuertemente para convencer a nuestros respectivos Gobiernos para que reconozcan las causas profundas del sufrimiento en esta tierra e intensifiquen sus esfuerzos por una paz justa. Nos hacemos eco del llamamiento que el Papa Benedicto XVI ha hecho recientemente en su Discurso al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede: "Después del reconocimiento de Palestina como Estado observador no miembro de las Naciones Unidas, vuelvo a expresar la esperanza que, con el apoyo de la comunidad internacional, los Israelíes y los Palestinos se comprometan por una coexistencia pacífica en el marco de dos Estados soberanos, donde se preserven y garanticen el respeto de la justicia y las aspiraciones legítimas de los dos pueblos. ¡Jerusalén, sé lo que tu nombre significa! Una ciudad de paz, no una de división".

Con palabras de uno de los Salmos, que cada día rezamos juntos: "Desead la paz a Jerusalén" (Salmo 122,6).

(Traducción no oficial)


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