Todos juntos
Un espacio propuesto por EQUIPO ECUMÉNICO SABIÑÁNIGO

lunes, 29 de agosto de 2011

La preocupación por la ortodoxia ha suplantado la lucha por la justicia

"Si los pobres no son nuestros señores, lo normal es que sean nuestras víctimas"

Mons. Agrelo, arzobispo de Tanger: "Hemos dejado que doctrinas y preceptos ocupen el lugar del evangelio"

Si con Cristo he sido ungido por la fuerza del Espíritu, con Cristo soy enviado a llevar a los pobres una buena noticia. Si soy de Cristo, mi zurrón de cristiano no llevará más viático que el de la luz para los ciegos, la libertad para los cautivos, la gracia para los pecadores.

Si por gracia estoy en Cristo, los pobres son mis señores, pues el amor con que Dios los ama, en aquel Hijo entregado hizo a Dios siervo de todos y a los pobres sus señores.

Engañados y convencidos, hemos dejado que doctrinas y preceptos de hombres ocupasen en nuestra predicación el lugar del evangelio de Dios: la controversia desplazó del corazón a la piedad; la preocupación por la ortodoxia suplantó la lucha por la justicia; las ideologías ocuparon en nuestras preferencias el lugar de los necesitados.

Si los pobres no son nuestros señores, lo normal es que sean nuestras víctimas: Ayer fue justificada la Shoah; hoy es ignorada y consentida el hambre, demonizadas las migraciones, esclavizados los indefensos, enaltecida la muerte, legitimada como ejercicio de libertad la prostitución.

Si confiesas: «creo en Dios», el cuidado que hayas tenido de los pobres acreditará la verdad de tu confesión. Y si tu razón no te permite creer, que el cuidado que tienes de los pobres desmienta lo que va diciendo tu razón.

Si no tengo un evangelio que llevar al hombre, entonces, creyente o no creyente, me muevo distraído y ciego hacia un destino de soledad entre los malditos.

sábado, 27 de agosto de 2011

Oración Ecuménica

Dios de esperanza, te alabamos por el don que tú nos has hecho en la cena del Señor donde, en el Espíritu Santo, encontramos a tu Hijo Jesucristo, el pan vivo bajado del cielo. Perdona nuestra infidelidad a este gran don, nuestra vida de clanes, nuestra complicidad con las desigualdades, nuestra complacencia en la separación. Señor, te rogamos que se acelere el día en que toda tu Iglesia se reunirá para la fracción del pan y, en la espera de este día, haz que aprendamos aún más a ser un pueblo modelado por la Eucaristía para el servicio del mundo. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.

lunes, 22 de agosto de 2011

LA ALEGRÍA DE VIVIR

HEMOS RECIBIDO ESTE ESCRITO EN NUESTRO CORREO, LO HA ESCRITO UN JOVEN DE 19 AÑOS DIAGNOSTICADO HACE UNOS MESES DE UNA ENFERMEDAD MUY GRAVE:

ALEGRÍA DE VIVIR

Muchas veces he oído, hemos oído entonar a jóvenes. “Cantando la alegría de vivir”. Una canción que en mi parroquia, al menos es frecuente escuchar. Alegría de vivir, y dicen bien. La vida tiene muchas cosas bellas que merecen ser cantadas.

Por eso, resulta antipático sin más el título que, hace años, puso una joven escritora francesa (Françoise Sagan) a su libro: “Buenos días, tristeza”. Que no llegué a leer porque el título ya no me gustó y no me animó ni a que abriera la tapa y pasara a su primera hoja. No hablamos ni de la novela ni de la escritora, sino sólo del título.

¿”Buenos días a la tristeza”? ¿Un simple saludo de cortesía a la tristeza?... No, ni en broma, no lo podemos hacer. Porque nosotros no queremos ni buscamos más que alegría para todos. Nosotros gritamos: ¡Viva la alegría! ¡Viva la ilusión!, y así damos el tiro de gracia a ese criminal asesino que corre libre por las calles, que corroe el corazón de muchos: La tristeza, la apatía, el pesimismo, el desasosiego, llámale como quieras.

Hablar de la alegría es hablar de una importante virtud. Y atacar a la tristeza es combatir un vicio que se convierte en un enemigo terrible. El hombre que sufre, podrá sentir dolor, pesar y angustia ante muchas situaciones de la vida. Pero eso es muy distinto de la tristeza

La tristeza no cabe sino en quien no tiene fe en la vida, en quien no tiene esperanza. Porque en medio del dolor se puede sentir, y se siente siempre, la paz del corazón, y, con esa paz del corazón, uno sabe unirse a todos los demás, se sabe que no está solo y no desespera nunca.

En la Biblia podemos leer esta frase del salmo 100 “Servid al Señor con alegría”. La alegría como tantas cosas, pensamos los creyentes como yo, viene de Dios, y por tanto quien tiene a Dios no puede vivir triste. Esa alegría de Dios es seductora, se transparenta y arrebata.

Pero no es bueno que uno se quede para si con algo beneficioso, algo genial, algo impresionante, debe compartirlo hacerlo extensible a todos los que le rodean, sino sería egoísmo por su parte. Por eso mi ALEGRÍA POR VIVIR, no puede ser sólo mía

La Alegría es primeramente un deber. Un deber tanto o más que un derecho. Porque es un deber llevar contigo todo lo bueno, todo lo que hace el bien, al igual que una persona creyente lleva a Dios dentro del alma. Y quien está con Dios no puede estar triste nunca. Recuerdo esa historia de un humilde fraile, san Pascual bailón que encerrado en su pobre celda del convento, saltaba de alegría mientras se iba repitiendo: “A Dios no me lo quita nadie” Pues yo digo ¡mi alegría por vivir no me la quita nadie! Una expresión como ésta se convierte en un programa de vida. Si estoy alegre y tengo a mí alrededor gente conmigo que también están contentos, alegres ¿que me falta? Y si además de todo lo que tengo además de todo, Dios está conmigo, ¿qué motivo puede justificar el no estar alegre del todo?

Está mal decirlo yo, pero mi Alegría es una virtud. Lo es porque exige valentía para vencer todos los amarres que nos atan a lo negativo, a lo malo, a la enfermedad, a las contrariedades, a todas las causas de la tristeza. Me acuerdo de otra historia que desde crío nos contaban: Caín después de la más que riña con su hermano iba cabizbajo, hasta que le dijo Dios: ¿No será porque has matado a tu hermano?... Claro, si hubiese vencido su envidia, otra cosa hubiera sido. Es eso por tanto, hay que huir pero de una forma determinante y decidida de todo lo que nos hace sentirnos tristes porque si no lo hacemos y nos dejamos llevar, lo uno nos puede inducir a lo otro y entonces: Desastre total.

Es la Alegría algo, también, que se debe transmitir y es más compartir, (que quiere decir “partir con”), repartirla también, en definitiva. Porque además y si lo que hablo es de la Alegría de vivir, es dar testimonio de la vida que llevamos dentro, y arrastramos así los otros a vivir siempre con ganas, con ilusión con Alegría en definitiva. Además, saber comunicar alegría es repartir el mayor de los bienes.

Son muchos los que temen al dolor, a la tristeza cuando se presenta en alguien, y ese temor es mayor cuando es alguien conocido, de nuestro entorno. El mal, el mal en si, “qué miedo” parece que estemos hablando del demonio, y por tanto parece como en la antigüedad que el que tenga el mal estuviera “endemoniado”. Los endemoniados y los exorcistas han estado muy de moda en los últimos tiempos, al menos en el cine, aunque realmente nos dicen, sobre todo por los que entienden, que no debemos ser muy crédulos en estas cosas...

Pues bien, como a mí me sirve el ejemplo, continúo: ¿Queremos convertirnos en unos exorcistas de primera categoría? Muy fácil, nos basta que vivamos nosotros mismos alegres. Después, alegraremos sin más al que veamos triste, y habremos expulsado de su alma al “demonio” de la peor especie, si me permitís continuar con el símil.

En todas las historias que nos han contado de pequeños y de no tan pequeños, es una experiencia muy sabida que no hay pobre o rico, mendigo o Rey que fuera feliz, que no viva alegre y no difunda alegría en su alrededor. Muchos han buscado al hombre más feliz del mundo, hay muchos cuentos al respecto, pero en todos ellos en la moraleja final, una característica común en todos ellos era la alegría del personaje en cuestión. Alegría que a lo mejor la está viviendo en medio de tribulaciones muy fuertes. Puede que aumenten las pruebas, pero todas ellas juntas no son capaces de quitar su paz interior, la paz del alma. Y el alma en paz vive feliz y esparce felicidad por doquier.

Se me ocurre hablar así porque en unas de estas visitas que estoy teniendo estos días, un buen amigo me trajo un libro y en él he leído las palabras de un escritor muy antiguo el Pastor de Hermas que decía: “La tristeza es el peor de los espíritus; ninguno como él expulsa de nosotros al Espíritu Santo” Si así pensaban los antiguos, pero vamos nosotros a volver la frase al revés: La alegría es el mejor de los espíritus; ninguno como él mantiene y guarda dentro de nosotros al Espíritu Santo. Es decir el espíritu que nos invade con la alegría de vivir.

¿Entendemos así lo que significa ser transmisores de la alegría, y la importancia que tiene para los demás eso mismo? Porque inherentemente van unidas en el interior de la persona la alegría a la felicidad. No se puede ser feliz y ser un cenizo. Pero claro ser transmisores es cierto, nadie puede dar lo que no tiene

La Alegría, la alegría de vivir, la propia alegría por nuestra existencia, la vivimos nosotros, firmemente asentados en nuestra propia experiencia, y la esparcimos a todos los que esperan de nosotros eso mismo: una sonrisa feliz.

Quiero por tanto cambiar el conocido título de la novela, y propongo saludar cada amanecer a la jornada que Dios nos regala, diciendo: ¡Buenos días, alegría!

viernes, 19 de agosto de 2011

CAMPAÑA CONTRA EL HAMBRE EN SOMALIA Y PAÍSES VECINOS

Nuestros hermanos de la Iglesia católica de Sabiñánigo y Diócesis de Jaca nos pasan la siguiente imformación:

CAMPAÑA CONTRA EL HAMBRE EN SOMALIA Y PAÍSES VECINOS

Seguimos insistiendo en la necesidad de contribuir con nuestra aportación económica en la Campaña contra el Hambre que, desde Cáritas y Manos Unidas, se está realizando. Como todos sabemos, el hambre es una realidad en el llamado “Cuerno de África,” una región que comprende varios países entre los que están Somalia, Kenia, Uganda etc. Estas son las cuentas en las que podéis depositar vuestra aportación:

Cuentas de Cáritas:

Ibercaja: 2085-2358-93-0101379476
Banco Santander: 0049-2461-71-1510127271
Banco Popular: 0075-1038-39-0700059530

Cuentas de Manos Unidas.

BANCO POPULAR Cta. Nº 0075 - 0001 - 85 – 0606786759
También en las cuentas que Manos Unidas de JACA tiene abiertas en
IBERCAJA y CAI

miércoles, 17 de agosto de 2011

Semana de oración por la unidad de los cristianos: 18 al 25 de enero de 2012

"Todos seremos transformados por la victoria de nuestro Señor Jesucristo" (1 Cor 15:51-58)

Al tiempo que Polonia se prepara para acoger el Campeonato Europeo de Fútbol de 2012, los cristianos del país han decidido centrar las reflexiones de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, que se celebrará a principios de año, en el significado de la “victoria” y la “derrota”. Los materiales preparatorios basados en estas reflexiones ya están disponibles en cinco idiomas en el sitio web del Consejo Mundial de Iglesias (CMI).

El tema, "Todos seremos transformados por la victoria de nuestro Señor Jesucristo”, se basa en la primera epístola del apóstol Pablo a los corintios (1 Cor 15:51-58), en la que se promete la transformación de la vida humana, con toda su dimensión aparente de “triunfo” y “derrota”, a través de la victoria de la resurrección de Cristo.

Celebrada tradicionalmente del 18 al 25 de enero (en el hemisferio norte) o en torno a Pentecostés (en el hemisferio sur), la semana de oración moviliza a innumerables congregaciones y parroquias de todo el mundo. Durante esa semana, los cristianos de diferentes familias confesionales se reúnen y –al menos en esa ocasión– oran juntos en celebraciones ecuménicas especiales.

"La rivalidad es una característica permanente no sólo en el deporte, sino también en la vida política, empresarial, cultural, incluso eclesial” se afirma en el texto introductorio a la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos de 2012.

Tanto el fútbol como la historia polaca, marcada por invasiones militares y luchas por la libertad, han inspirado al grupo preparatorio, llevándole a pensar en “quienes constantemente sufren derrotas” y haciéndole llegar a la conclusión de que “Hay sitio para todos en el plan de salvación de Dios”.

Desde 1968 la preparación del material litúrgico y bíblico para la semana de oración es coordinada conjuntamente por el Consejo Mundial de Iglesias (Comisión de Fe y Constitución) y la Iglesia Católica Romana (Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos).

Los recursos para la semana son, entre otros, una introducción al tema; una propuesta de celebración ecuménica que las iglesias locales pueden adaptar a su propio contexto litúrgico, social y cultural; reflexiones bíblicas y oraciones para cada día; y otras oraciones derivadas de la situación ecuménica en Polonia, así como una visión panorámica de ésta.

jueves, 11 de agosto de 2011

Religiones en diálogo

Publicamos el artículo que ha escrito en “L’Osservatore Romano” el cardenal Jean-Louis Tauran, presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, en preparación a la Jornada de oración por la paz en el mundo convocada por Benedicto XVI el 27 de octubre en Asís.


El 27 de octubre se celebrará, como es sabido, el 25º aniversario de la histórica «Jornada de oración por la paz en el mundo», convocada en Asís, en 1986, por el beato Juan Pa­blo II. Aquella gran iniciativa no de­bería hacer que se olviden otros dos acontecimientos que el mismo Pontí­fice promovió en la ciudad de san Francisco: la «Jornada mundial de oración por la paz en los Balcanes», el 23 de enero de 1994, y la «Jornada de oración por la paz en el mundo», el 24 de enero de 2002, en un mo­mento de preocupante tensión inter­nacional. El 25º aniversario —al cual Benedicto XVI ha querido dar como tema Peregrinos de la verdad, peregri­nos de paz— se celebrará y vivirá en el signo de la reflexión, del diálogo y de la oración.

La reflexión, el silencio, el distan­ciamiento son compañeros necesa­rios de todo diálogo verdadero: si no existieran, este proceso correría el peligro de empobrecerse y de redu­cirse a un intercambio de ideas, con poco contenido espiritual e intelec­tual o sin él. Una vez más nos pre­guntaremos: ¿por qué los cristianos se empeñan en dialogar con perso­nas y comunidades de otras religio­nes? Un primer motivo es que todos somos criaturas de Dios y, por tanto, hermanos y hermanas. Luego, el he­cho de que Dios actúa en cada per­sona humana, la cual, ya mediante el uso de la razón, puede presentir la existencia del misterio de Dios y re­conocer valores universales, constitu­ye un segundo motivo. Existe, por último, un tercer motivo: descubrir en las diversas tradiciones religiosas el patrimonio de valores éticos co­munes que permite a los creyentes contribuir, come tales, en particular a la afirmación de la justicia, de la paz y de la armonía en las socieda­des de las que son miembros con pleno derecho.

Esa reflexión requiere tiempo, in­tercambio de puntos de vista, honra­dez intelectual y humildad. No es raro que los interrogantes que sur­gen en los interlocutores del diálogo necesiten un tiempo de estudio, de reflexión y también un intercambio dentro de un mismo grupo religioso en diálogo. La Jornada del próximo 27 de octubre favorecerá, desde lue­go, esta reflexión, tanto a nivel per­sonal como colectivo.

El diálogo que la Iglesia procura instaurar con creyentes de otras reli­giones, pero también con toda per­sona en búsqueda del Absoluto, se coloca en la estela del particular diá­logo de Dios con la humanidad a través de su Verbo hecho hombre: «En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas. En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha realizado los siglos» (Hb 1, 1-2). Ese diálogo se realiza procurando siem­pre conciliar verdad y caridad (cf. Ef 4, 15).

El diálogo no es una conversación entre responsables religiosos o cre­yentes de varias religiones; no es una negociación de tipo «diplomático»; no es terreno de regateo y, menos aún, de componendas; no está moti­vado por intereses políticos o socia­les; no busca subrayar las diferencias ni eliminarlas; no tiende a crear una religión global, aceptada por todos; no se promueve sólo por una inicia­tiva personal, ni como hobby; no cae en la tentación de la ambigüedad de los conceptos y de las palabras.

El diálogo verdadero, en cambio, es un espacio para el testimonio recí­proco entre creyentes que pertenecen a religiones diversas, para conocer más y mejor la religión del otro y los comportamientos éticos que de ella brotan. Esto permite, al mismo tiem­po, corregir imágenes equivocadas y superar prejuicios y estereotipos so­bre personas y comunidades. Se tra­ta de conocer al otro como es y, por tanto, como tiene derecho a ser co­nocido, no como se dice que es y, menos aún, como se pretende que sea. Gracias al conocimiento directo y objetivo del otro, se incrementan el respeto y la estima recíprocos, la comprensión mutua, la confianza y la amistad.

Se conocen bien las cuatro moda­lidades principales, según las cuales los creyentes están llamados a dialo­gar: el diálogo de la vida (comunión de alegrías y de pruebas de la vida cotidiana); el diálogo de las obras (colaboración de cara a la promo­ción del desarrollo integral del hom­bre); el diálogo teológico, cuando es posible (comprensión de las respecti­vas herencias religiosas); y el diálogo de la experiencia religiosa (compartir las mutuas riquezas espirituales).

En la Jornada del 27 de octubre, no faltarán los espacios de diálogo, tanto formales como informales. El primer momento —formal— estará constituido por la conmemoración del encuentro de 1986, así como por los de 1994 y de 2002, y por una profundización del tema de la Jorna­da: Peregrinos de la verdad, peregrinos de paz. Además del Santo Padre, in­tervendrán exponentes de algunas de las delegaciones presentes. Un momento significativo de diálogo se­rá asimismo la adhesión al compromiso tomado el 24 de enero de 2002 en favor de la paz. Todos renovaránsus compromisos manifestados aquel día: «Nos comprometemos a... ». El contenido de aquel «Decálogo» se ha demostrado profético y sigue conservando toda su actualidad. Basta recordar el segundo compro­miso: «Nos comprometemos a ense­ñar a las personas a respetarse y esti­marse recíprocamente, para hacer posible una convivencia pacífica ysolidaria entre los miembros de et­nias, culturas y religiones diversas» (L'Osservatore Romano, edición en lengua Española, 1 de febrero de 2002, p. 7).

Se sobreentiende que la oración acompaña siempre el inicio, el desa­rrollo y la conclusión de toda acción del cristiano. Entre el diálogo con Dios —la oración— y con los demás hay una relación casi natural. Esto es verdad en particular en el delica­do campo del diálogo entre creyen­tes de diversas religiones. El cristia­no comprometido en el diálogo siempre necesita luz, discernimiento, prudencia y valentía, dones del Espí­ritu Santo.

En el diálogo, los cristianos están llamados también a dar testimonio del espíritu de oración que los ani­ma. La oración es una de las dimen­siones en las que el cristiano hace brillar ante los demás sus buenas obras para que las vean y den gloria a su Padre que está en los cielos (cf. Mt 5, 16).

Nuestros coloquios con los inter­locutores musulmanes del Consejo pontificio para el diálogo interreli­gioso comienzan siempre con un momento de oración que puede rea­lizarse tanto con un tiempo de silen­cio como con la lectura de un pasaje del Evangelio y del Corán. También las comidas, momentos de conviven­cia fraterna, están precedidos por momentos de oración silenciosa o por una «invocación» teológicamen­te aceptable por ambas partes. Aún sigue vivo el recuerdo de la plegaria del beato Juan Pablo II al concluir su discurso a los jóvenes musulma­nes de Marruecos en Casablanca, el 19 de agosto de 1985: «Oh Dios, tú eres nuestro Creador. Tú eres bueno y tu misericordia no conoce límites. A ti la alabanza de toda criatura. Oh Dios, tú has dado a los hom­bres, que somos nosotros, una ley interior con que debemos vivir. Ha­cer tu voluntad es cumplir nuestro deber. Seguir tus pasos es conocer la paz del alma. Te ofrecemos nuestra obediencia. Guíanos en todas las ac­ciones que emprendemos a lo largo de nuestra vida. Líbranos de las ma­las inclinaciones que desvían nuestro corazón de tu voluntad. No permi­tas que invoquemos tu nombre para justificar los desórdenes humanos. Oh Dios, tú eres el único. A ti se di­rige nuestra adoración. No permitas que nos separemos de ti. Oh Dios, juez de todos los hombres, concéde­nos formar parte del número de tus elegidos en el último día. Oh Dios, autor de la justicia y de la paz, otór­ganos la verdadera alegría, y el au­téntico amor, así como una fraterni­dad duradera entre las naciones. Cólmanos de tus dones por siempre. Así sea» (L’Osservatore Romano, edi­ción en lengua española, 15 de sep­tiembre de 1985, p. 15).

La Jornada del 27 de octubre in­cluirá momentos de oración, enten­dida como diálogo de todo creyente con Dios o con el Absoluto, cada cual según su propria tradición reli­giosa o su búsqueda de la verdad. La peregrinación misma, en este ca­so en Asís, expresa la «búsqueda de la verdad y del bien». El creyente está «siempre en camino hacia Dios», es un peregrino de la verdad, así como es peregrino todo hombre que se siente «en el sendero de la búsqueda de la verdad».

Si «la imagen de la peregrinación resume (...) el sentido del aconteci­miento que se celebrará», esto signi­fica que la oración será un elemento fundamental de la Jornada del 27 de octubre. El viaje desde Roma hasta Asís, aunque sea una ocasión de co­nocimiento recíproco y de diálogo informal entre los participantes, po­drá ser también un tiempo de refle­xión y de oración. Tras el almuerzo compartido como signo de fraterni­dad y de frugalidad, seguirá un mo­mento de oración personal y de re­flexión. El camino-peregrinación vespertino en silencio hacia la basíli­ca de San Francisco también ofrece­rá un espacio a la oración y a la me­ditación personal. Para los católicos, será significativa la vigilia de oración presidida por el Santo Padre con los fieles de la diócesis de Roma en la basílica papal de San Pedro, la no­che precedente. La invitación a las Iglesias particulares y a las comuni­dades de todo el mundo para que organicen momentos análogos de oración ilustra su importancia en es­ta Jornada.

Con ocasión de la audiencia general del 14 de mayo de 2008, evocando la figura de Dioniso Aeropagita, Benedicto XVI afirmó: «Se ve que el diálogo no acepta la superficialidad. Precisamente cuando uno entra en la profundidad del encuentro con Cristo, se abre también un amplio espacio para el diálogo. Cuando uno encuentra la luz de la verdad, se da cuenta de que es una luz para todos; desaparecen las polémicas y resulta posible entenderse unos a otros o, al menos, hablar unos con otros, acercarse. El camino del diálogo consiste precisamente en estar cerca de Dios en Cristo, en la profundidad del encuentro con él, en la experiencia de la verdad, que nos abre a la luz y nos ayuda a salir al encuentro de los demás: la luz de la verdad, la luz del amor. A fin de cuentas, nos dice: tomad cada día el camino de la experiencia, de la experiencia humilde de la fe. Entonces, el corazón se hace grande y también puede ver e iluminar a la razón para que vea la belleza de Dios» (L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 16 de mayo de 2008, p. 12).

Surge espontáneamente el deseo de que todos los participantes en la Jornada de Asís del 27 de octubre, así como las numerosas personas y comunidades de creyentes que se unirán a ellos, comprendan mejor el significado de lo que se afirma en la declaración Nostra aetate: «La Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones es verdadero y santo. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que, aunque discrepen mucho de lo que ella mantiene y propone, no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres» (n. 2).

Cardenal Jean-Louis Tauran







domingo, 7 de agosto de 2011

Oración Breve

Cristo Jesús, deseas la felicidad para nosotros y sufres hoy al lado de todos los afligidos del mundo. Cada vida humana es infinitamente preciosa ante tus ojos. Y a través de la presencia del Espíritu Santo dices a nuestro corazón: "También tú eres un hijo amado de Dios y lo serás durante toda la eternidad."

Propuesta por la Comunidad de Taizé

jueves, 4 de agosto de 2011

Apertura en el país magrebí con mayor número de conversos al cristianismo

Argelia legaliza a la iglesia protestante tras años de acoso

Hace aún un par de años, el ministro argelino de Asuntos Religiosos, Buabdelá Gulamalá, no dudaba en equiparar "evangelización y terrorismo". Pero a finales de julio, el Ministerio del Interior argelino convocó al pastor Mustafá Krim, presidente de la Iglesia Protestante de Argelia (IPA), para anunciarle el reconocimiento de su institución por las autoridades.

"Es una buena noticia", ha declarado días después Krim a una página web protestante. "En principio vamos a poder desarrollar nuestras actividades con toda normalidad", ha añadido.

La única iglesia cristiana reconocida hasta ahora en Argelia era la católica, cuyos escasos fieles son, sin embargo, casi exclusivamente extranjeros, en su mayoría europeos o estudiantes subsaharianos matriculados en las universidades argelinas.

Fundada en 1974, la IPA cuenta con una treintena de templos, la mayoría en la región de Cabilia, y varios miles de devotos, casi todos ellos argelinos conversos al cristianismo. Constituyen la principal corriente confesional después del islam, religión de Estado.

Argelia es así el primer país del Magreb en el que una iglesia cristiana autóctona logra el reconocimiento oficial. Es también allí donde hay más conversos al cristianismo, un fenómeno que se suele explicar porque el terrorismo islamista, que causó cerca de 200.000 muertos en los años noventa, incitó a un puñado pequeño sector de la ciudadanía a buscar alternativas.

"La decisión significa un cambio de actitud de las autoridades", afirma satisfecho desde Tizi Ouzou (Cabilia), Tarek Berki, tesorero de la Iglesia Protestante, "pero ahora hay que ver cómo se concreta sobre el terreno".

"¿Podremos practicar nuestra fe sin trabas, poner nombres cristianos y no musulmanes a nuestros hijos, construir iglesias o abrir librerías?", se pregunta Berki. "En teoría sí, pero queremos comprobarlo", recalca al teléfono.

Los protestantes aspiran además a que se derogue una ley de 2006 que prevé penas de entre dos y cinco años de cárcel y multas de 10.000 euros para todo aquel que incite, obligue o recurra al proselitismo para convertir a un musulmán a otra religión.

En virtud de esa ley, Siagui Krimo fue condenado, en mayo en Orán, a cinco años de cárcel por entregar a su vecino, que le denunció, un CD sobre cristianismo. La sentencia ha sido recurrida.

Ese mes también el gobernador de Beyaia ordenó cerrar siete iglesias. El pastor Krim denunció el "ensañamiento de las autoridades" contra los protestantes y, al final, la decisión no se aplicó.