Todos juntos
Un espacio propuesto por EQUIPO ECUMÉNICO SABIÑÁNIGO

viernes, 31 de diciembre de 2010

Julián Ruiz Martorell, nuevo obispo católico romano de Jaca y de Huesca

SALUDO DE MONSEÑOR JULIÁN RUIZ A LAS DIÓCESIS DE JACA Y DE HUESCA

Queridos hermanos de la Iglesia que peregrina en Huesca y en Jaca:
Con la expresión que repite San Pablo al comienzo de sus cartas os deseo: gracia y paz (1 Tes 1,2).

El Santo Padre Benedicto XVI me envía a vosotros para vivir con vosotros el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios (Mc 1,1).

Agradezco humildemente la paternal solicitud de Su Santidad y me pongo en manos del Señor para que Él dirija mis pasos al encuentro de todos.

Viene a mi memoria, en primer lugar, un recuerdo agradecido a los Pastores que os han acompañado en los últimos períodos: D. Rosendo Álvarez Gastón, D. José-María Conget Arizaleta (+), D. Juan-José Omella Omella y D. Jesús Sanz Montes, en Jaca. Y en Huesca: D. Javier Osés Flamarique (+), D. Juan-José Omella Omella y D. Jesús Sanz Montes.

Encomiendo al Señor la realidad pastoral de ambas diócesis. Los proyectos e iniciativas que se desarrollan en Jaca y los objetivos y acciones del Plan Pastoral 2010-2011 de Huesca (“Desde nuestra identidad en comunión para la misión”), en el camino de la identidad, en la experiencia de la comunión, en el anuncio de la Palabra de Dios y en la expresión de la caridad.

Queridos hermanos, permitidme que me dirija a vosotros con algunas palabras de la Exhortación apostólica “Verbum Domini” (VD):

Hermanos sacerdotes: “el sacerdote es, ante todo, ministro de la Palabra de Dios; es el ungido y enviado para anunciar a todos el Evangelio del Reino, llamando a cada hombre a la obediencia de la fe conduciendo a los creyentes a un conocimiento y comunión cada vez más profundos del misterio de Dios, revelado y comunicado a nosotros en Cristo” (PDV) (VD 80). Cuento con vuestra colaboración y confío en vuestra oración. Pongo a vuestra disposición mi trabajo y mi afecto.

A los miembros de Institutos de Vida Consagrada: la vida consagrada “nace de la escucha de la Palabra de Dios y acoge el evangelio como su norma de vida” (VD 83); “el vivir siguiendo a Cristo casto, pobre y obediente, se convierte "en ´exégesis` viva de la Palabra de Dios"” (VD 83). Me encomiendo a vuestra plegaria y deseo acompañaros en vuestro testimonio.

A los miembros de Sociedades de Vida Apostólica, Institutos Seculares y a quienes experimentáis y vivís el don de la vocación: la Palabra de Dios “llama a cada uno personalmente, manifestando así que la vida misma es vocación en relación con Dios. Esto quiere decir que, cuanto más ahondemos en nuestra relación personal con el Señor Jesús, tanto más nos daremos cuenta de que Él nos llama a la santidad mediante opciones definitivas, con las cuales nuestra vida corresponde a su amor, asumiendo tareas y ministerios para edificar la Iglesia” (VD 77).

A los fieles laicos: agradezco vuestro “generoso compromiso en la difusión del Evangelio en los diferentes ámbitos de la vida cotidiana, del trabajo, la escuela, la familia y la educación” (VD 84). Vivís vuestra “propia vocación la santidad con una existencia según el Espíritu, y que se expresa particularmente “en (vuestra) inserción en las realidades temporales y en (vuestra) participación en las actividades terrenas¨” (VD 84). Os decía Juan Pablo II “El vivo sentido de la comunión eclesial, don del Espíritu Santo que urge nuestra libre respuesta, tendrá como fruto precioso la valoración armónica, en la Iglesia "una y católica", de la rica variedad de vocaciones y condiciones de vida, de carismas, de ministerios y de tareas y responsabilidades, como también una más convencida y decidida colaboración de los grupos, de las asociaciones y de los movimientos de fieles laicos en el solidario cumplimiento de la común misión salvadora de la misma Iglesia” (Christifideles Laici, nº 64).

Queridos seminaristas: estáis llamados a “ver la relación entre el estudio bíblico y el orar con la Escritura. El estudio de las Escrituras (os) ha de hacer más conscientes del misterio de la revelación divina, alimentando una actitud de respuesta orante a Dios que habla” (VD 82). “El carácter singular del ministerio presbiteral y la importancia del mismo para la vida de la Iglesia exigen, en quienes han sido llamados a él por el Señor, una formación específica que los capacite para vivir con todas sus exigencias este misterio de gracia y para ejercer con responsabilidad este ministerio de salvación” (CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, La formación para el ministerio presbiteral. Plan de formación sacerdotal para los Seminarios Mayores, Madrid 1996, nº 1). Deseo que compartáis con vuestros formadores vuestra preparación para el sacerdocio como un “misterio de gracia” que os permita ejercer con responsabilidad el “ministerio de salvación”.

Dirijo, también, una palabra de aliento a todos los que vivís el misterio del dolor, a los enfermos, a las personas ancianas y desasistidas y a todos los que trabajáis en el apasionante mundo de la pastoral de la salud. Escribió S.S. Juan Pablo II: “La Iglesia, que nace del misterio de la redención en la cruz de Cristo, está obligada a buscar el encuentro con el hombre de modo particular en el camino de su sufrimiento” (Salvifici doloris, nº 4).

No puedo olvidar a todos los que experimentáis el drama del paro, la angustiosa sacudida de la crisis económica y el desarraigo de la emigración. El Papa Benedicto XVI ha escrito: “la economía tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento; no de una ética cualquiera, sino de una ética amiga de la persona” (Caritas in veritate, nº 45).

Queridos jóvenes: tenemos una cita con el Santo Padre en Madrid en el próximo mes de agosto. Hemos de prepararnos para acoger la Cruz de los jóvenes y el Icono de María “Salus Populi Romani” y vivir con intensidad el lema de la Jornada Mundial de la Juventud: “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe” (Col 2,7).

Concluyo con unas palabras de la Encíclica “Evangelium vitae”, en las que Juan Pablo II confiaba a la Santísima Virgen María, “aurora del mundo nuevo, Madre de los vivientes”, la causa de la vida: “Haz que quienes creen en tu Hijo sepan anunciar con firmeza y amor a los hombres de nuestro tiempo el Evangelio de la vida. Alcánzales la gracia de acogerlo como don siempre nuevo, la alegría de celebrarlo con gratitud durante toda su existencia y la valentía de testimoniarlo con solícita constancia, para construir, junto con todos los hombres de buena voluntad, la civilización de la verdad y del amor, para alabanza y gloria de Dios Creador y amante de la vida” (EV, nº 105).
Me encomiendo a vuestra intercesión.

Julián Ruiz Martorell
Obispo electo de Huesca y de Jaca

jueves, 30 de diciembre de 2010

Criterios Ecuménicos: mundo evangélico

En el contexto de sus relaciones inter-eclesiales, las iglesias evangélicas (protestantes) de hoy, se rigen más por su “doctrina”, (sus opiniones), que por el amor fraterno. Son estas opiniones las que muchas veces impiden que se acerquen al «otro».

Me pidieron que hiciera un artículo sobre los «criterios ecuménicos» para hoy, y quisiera reflexionar sobre estos temas que rigen nuestras relaciones.

En primer lugar, habría que tratar de las relaciones con las iglesias que consideramos hermanas y, que según nuestra opinión, siguen nuestra misma doctrina. Aquí entrarían las iglesias de nuestra «denominación». Algunas “familias de iglesias” se atribuyen una sinodalidad (caminar juntas), y otras subrayan su libertad (iglesias libres) para ejercer su misión. Aunque en esta fase de relación todo parecería más sencillo, muchas veces no es así, y las relaciones entre estos “hermanos” son más bien tensas.

En segundo lugar están las relaciones «inter-denominacionales», que desde el final del franquismo, han ido perdiendo la fuerza que las mantenía juntas: el “enemigo común”. En este nivel de relación la tensión es tan evidente que existen más propuestas de aislamiento que de unidad. Hay situaciones escandalosas en las que se le niega el derecho de la palabra al “otro” porque su doctrina no es la ortodoxa, (no es la sana doctrina)!

En tercer lugar están las relaciones con las otras iglesias cristianas, que son las relaciones ecuménicas propiamente dichas. A este nivel, las relaciones “institucionales” no pasan por un buen momento, pero a nivel de las “iglesias de base” las relaciones siguen siendo posibles y enriquecedoras.

En cuarto lugar estarían las relaciones inter-religiosas, con las otras confesiones religiosas y en quinto lugar, las relaciones inter-culturales con aquellos movimientos de solidaridad humana.
Como conviene a un cristiano, (y a un protestante), recurro a la Palabra para aproximarme a lo que nos dice el Maestro. He escogido un texto del evangelio de Marcos.

Y cuando estuvo en casa, Jesús les preguntó: --¿Qué disputabais entre vosotros en el camino? Pero ellos callaron, porque lo que habían disputado los unos con los otros en el camino era sobre quién era el más importante. Entonces se sentó, llamó a los doce y les dijo: --Si alguno quiere ser el primero, deberá ser el último de todos y el siervo de todos. Y tomó a un niño y lo puso en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dijo: --El que en mi nombre recibe a alguien como este niño, a mí me recibe; y el que a mí me recibe no me recibe a mí, sino al que me envió. Juan le dijo: --Maestro, vimos a alguien que echaba fuera demonios en tu nombre, y se lo prohibimos, porque no nos seguía. Pero Jesús dijo: --No se lo prohibáis, porque nadie que haga milagros en mi nombre podrá después hablar mal de mí. Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es. Cualquiera que os dé un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo que jamás perderá su recompensa. Y a cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le atase una gran piedra de molino al cuello y que fuese echado al mar. Mc 9,33-42

Hoy en día, el mundo evangélico está muy preocupado por el “discipulado”. Y en este texto encontramos una lección para los verdaderos discípulos. Los discípulos prohíben, no por lo que hacen los otros (echar fuera demonios en nombre de Jesús) sino porque no les siguen a ellos. Estaban preocupados por el “seguimiento” como hoy estamos preocupados por el “discipulado”. Jesús está en contra de esta prohibición. La actitud de los discípulos en este pasaje está relacionada con la disputa interna de quién es el primero, el más importante, es un tema de autoridad.Creo que aquí tenemos un buen criterio para nuestras relaciones fraternales, sean estas inter-denominacionales, ecuménicas o de cualquier otro signo. No se trata de “doctrina”, ni de “seguimiento”, sino de «dar un vaso de agua en nombre de Cristo». Reconocer al hermano en lo que hace en nombre de Cristo, este es el mejor criterio que nos evitará hacer tropezar a los más pequeños que creen en El.

Samuel Fabra. Departamento Ecumenismo Iglesia Evangélica Española

martes, 28 de diciembre de 2010

"Una fe común con diferentes formas de presentación"

El obispo de Dresde cree posible la unión de católicos y protestantes

Monseñor Reinelt asegura que Lutero "era más católico de lo que creemos"

Lograr la unión de la Iglesia católica y protestante ya no es ninguna utopía, considera el obispo de la ciudad germano-oriental de Dresde, Joachim Reinelt.
"Será una Iglesia con diferentes rostros", indicó el prelado católico en una entrevista.
"Probablemente, en el futuro la solución será ésa: una fe común con diferentes formas en la presentación".

La Iglesia del primer milenio podría ser así un ejemplo para la del tercer milenio, continuó el obispo Reinelt.
"No daríamos marcha atrás con la Reforma", aseguró. Martín Lutero era "más católico de lo que creemos", según el obispo.

"Él no quería la separación de los cristianos", sostuvo, destacando que el problema en la actualidad es que sigue habiendo demasiados tabúes, como el del celibato en la comunidad católica o el matrimonio en la protestante.

Reinelt reconoció que considera que no todo seguirá siendo como hasta ahora, aunque el celibato sí se mantendrá. "Con seguridad no se abolirá, es demasiado valioso", defendió.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Párate un momento, por favor.

Estamos en Navidad.
En estos días se respira de manera diferente, tienen “algo” que no saboreamos el resto del año, parece que nos volvemos algo más sensibles, y miramos un poco a nuestro alrededor, pero no es porque Dios se haga más presente, sino por nuestra actitud de interpelación y también, por qué no, de seducción…
Dios se hace niño, quiere ser uno de nosotros para que nos acerquemos a Él con más generosidad. Se muestra indefenso, débil y lo hace escondiendo este misterio a los más sabios y entendidos, a todos los que pretender controlar y dominar (de esos conocemos unos cuantos). Él cautiva, pero a los que están dispuestos a dejarse seducir, a los que se fijan en lo más pequeño, a los que saben mirar con otro tipo de gafas…
Nace fuera de la ciudad, lo podía haber hecho en otro sitio, pero se aparta del poder y los grandes lujos. Prefiere un pesebre, con carencia de todo, de todo lo material, pero con lo más importante: con AMOR… y ¿Quiénes le ven, quienes se dan cuenta? Los pastores. La gente de mala fama, los mal vistos y los magos, considerados gente impura…una vez más llegamos a la misma conclusión: se hace presente a la gente que no tiene prejuicios, que no se creen nada, que no tienen una imagen que defender…
Esto nos debería de hacer pensar. Parémonos por un día, dejemos a un lado la apariencia, el qué dirán, las bonitas palabras o maravillosos discursos, los aplausos o “palmaditas en la espalda”.
Nos está invitando a una nueva Navidad, a nacer de nuevo, a volver ser como niños, no es tan difícil si somos conscientes de lo que ello significa y a donde nos conduce.
Párate un momento, aparta a un lado el frenesí de la vida. Sitúate ante un Belén, deja de hablar de ti, de contarle tus problemas. Solo contempla, mira cada una de las figuritas que lo componen, ponte en el lugar de cada una y ofrécele lo que eres, lo que sientes, tal cual, recuerda que te conoce mejor que nadie. Deja a un lado las caretas, haz silencio, contempla porque te está esperando…
¡Feliz Nacimiento!
Ana Bou, de su blog: "Un minuto para el encuentro"

viernes, 24 de diciembre de 2010

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Evangelio y Navidad

Hoy se acepta con normalidad que los evangelios no son crónicas históricas, en el sentido moderno del término, sino catequesis elaboradas por creyentes, que buscan comunicar, compartir y alentar la fe de las primeras comunidades. No se niega su base histórica, pero ésta –de acuerdo también con los usos de la época- ha sido “elaborada” en función del mensaje que se quería transmitir.
Si ese principio es válido para el conjunto de los relatos evangélicos –y los estudiosos se hallan empeñados en la ardua tarea de discriminar la “historicidad” de cada perícopa-, mucho más para los así llamados “relatos de la infancia”.
En estos relatos, particularmente, que encontramos sólo en los evangelios de Mateo y de Lucas, no hay que ir a buscar historia, sino teología, es decir, contenidos de fe.
En Lucas, es María quien recibe directamente el anuncio del ángel –la anunciación-; en Mateo, por el contrario, el destinatario del mensaje angélico es José. En ambos casos, lo que se busca transmitir es exactamente lo mismo: Jesús nace todo de Dios.
Si nos ceñimos al relato de Mateo, que estamos comentando, la exégesis actual parece inclinarse a pensar que el evangelista está utilizando unos temas que ha recibido de la tradición; si bien otros insisten en que, atendiendo al vocabulario empleado, él mismo los habría reelaborado de un modo muy personal.

Empecemos reconociendo una obviedad. El tema del nacimiento sin intervención de un padre se encuentra a menudo en relatos egipcios y helenísticos, que hablan de la generación divina de reyes, héroes, sabios…: desde Horus, hasta Attis de Frigia, pasando por Dionisos y Mitra, y llegando incluso a Platón –de quien su sobrino Espeusipo, en el discurso pronunciado al año de la muerte del filósofo, afirmó que éste había sido engendrado directamente por Apolo- y, por supuesto, a los emperadores romanos… También en contextos mas alejados, como la India, se dice de Krishna, que nació de la virgen Devaki.
En una cultura en la que se pensaba que la mujer jugaba únicamente el papel de “receptor” y “nido” de la nueva vida, que se creía provenía en exclusividad de la figura paterna –el semen contenía la totalidad de la vida que iba a nacer-, parece claro que, al eliminar la intervención masculina, se estaba diciendo que el niño que nacía era hijo de Dios en su totalidad. La madre no era sino el receptáculo que lo acogía.
La idea, sin embargo, era desconocida en el judaísmo de Palestina. El texto de Isaías que cita Mateo –“la virgen concebirá…”-, aparte de referirse a un hecho concreto de la historia del pueblo, no parece que hable originalmente de “virgen”, sino sencillamente de “doncella” o “joven”: así es como, según los expertos, habría que traducir el término hebreo “almâh”.
El que fuera una idea inexistente en Palestina, podría ser un indicio de que pudo haberse fraguado en alguna comunidad judeo-helenística-cristiana, donde hubiera encontrado fácil receptividad.
Probablemente, el relato forme parte del intento de ciertas comunidades de mostrar a Jesús como “Hijo de Dios según el Espíritu”, tal como se expresaba Pablo en la carta a los Romanos (1,4). El relato del nacimiento virginal sería entonces una forma de dar cauce a aquella convicción.
Eso significa que, antes que una afirmación que se refiera a la biología, es un relato teológico. No se está hablando de la virginidad biológica de María, sino del carácter divino de Jesús: el recurso para hacerlo –en línea con la costumbre egipcia y helenística- era mostrarlo como nacido sin intervención de varón.
En cualquier caso, en el relato bíblico, el Espíritu Santo no reemplaza al elemento masculino que hace posible el engendramiento. Se trata, más bien, del poder creador de Dios, siempre actuante, y no de un intervencionismo mítico, que rivalizara con lo humano.

Si miramos el evangelio de Mateo en su conjunto, quizás hayamos de concluir que lo que más le interesa al autor es el nombre “Emmanuel”, con el que entiende la persona y la obra de Jesús: para este evangelista, Jesús es, antes que nada, “Dios-con-nosotros”.
Tanto es así que va a hacer con ese nombre una gran inclusión, que abraza a todo su escrito. La primera parte de la misma corresponde al relato que estamos comentando, en el capítulo primero; la segunda aparecerá en el último, puesta entonces en boca del propio Jesús, como cierre de todo el evangelio: “Yo-soy-con-vosotros todos los días hasta el final del mundo” (28,20). Al principio y al final, el mismo nombre, que define la persona y la misión de Jesús entre los suyos: Emmanuel.
Esto es lo decisivo para Mateo, la certeza sobre la que apoya su fe: han descubierto en Jesús la cercanía completa de Dios. Para insistir en que es todo de Dios, recurre al relato, común en su entorno, de un “nacimiento virginal”.

¿Cómo hablar entonces de la “virginidad de María”? Soy consciente de que este tema –donde se entrelazan lo religioso, lo cultural y lo psicológico, en una mezcla en la que intervienen poderosos elementos inconscientes e incluso arcaicos o ancestrales, relativos a la sexualidad y a la figura de la mujer- toca fibras muy sensibles en la piedad católica. Una anécdota puede ilustrar, mejor que otra cosa, lo que quiero decir. No hace muchos años, en una romería a un santuario mariano, un hombre me comentaba: “Yo no sé si creo en Dios; pero que a nadie se le ocurra tocarme a la Virgen”…
Con todo el respeto al modo que cada cual tenga de expresar e incluso vivir sus creencias, me parece que podríamos empezar por ponernos de acuerdo en algo elemental: más importante que la virginidad biológica es la virginidad espiritual.
Esta última podría entenderse como “disponibilidad”, la actitud abierta y dócil de quien se deja hacer por Dios, sin límite ni medida. Una persona virgen es aquélla cuyo corazón no está “ocupado” por ninguna otra cosa que la voluntad de Dios.
Si queremos expresarlo de un modo aún más radical, podemos decir que virgen es la persona que se ha desindentificado o desapropiado de su yo y, por tanto, ya no vive para él. Es “virgen” –apertura, disponibilidad, donación…- quien no está identificado con su ego ni vive para él, sino que ha descubierto-experimentado la Identidad-sin-límites (transegoica o transpersonal, no-dual) que todo lo abraza. Una identidad, por lo demás, que únicamente puede percibirse en el presente.
En ausencia de identificación con el yo, la persona es cauce o canal a través del cual Dios puede fluir con entera libertad. Por eso, puede cantar como María: “El Poderoso ha hecho en mí obras grandes”. No hay sentido alguno de apropiación; hay únicamente un “dejarse vivir”, asintiendo a la Vida que se expresa en la forma del momento presente.
La virginidad, por tanto, así entendida, puede considerarse como el horizonte hacia el que caminamos…, porque en realidad ya lo somos. Al comprender la Unidad que somos y trascender la conciencia egoica –en la desapropiación del yo- nuestro corazón se “desocupa” y nos descubrimos conteniendo en nosotros al universo entero.
En ese camino nos hallamos. En María, acogemos y celebramos a una mujer que lo ha vivido; por eso, también en ella nos reconocemos.
ENRIQUE MARTÍNEZ LOZANO, teólogo y psicólogo

martes, 21 de diciembre de 2010

Oración breve

Cristo Jesús, quisiéramos, con nuestra vida, anunciar contigo el amor ilimitado de Dios. Entonces podremos invitar a todo el mundo a recibir la buena noticia de tu Evangelio: “El Reino de Dios está cerca”.

Propuesta por la Comunidad de Taizé

jueves, 16 de diciembre de 2010

La libertad religiosa es un arma auténtica de la paz

"Las minorías religiosas no son una amenaza, sino una oportunidad"

Benedicto XVI ha afirmado que la libertad religiosa "es un arma auténtica de la paz" porque "puede cambiar y mejorar el mundo", en su Mensaje por la celebración de la 44 Jornada Mundial de la Paz, que lleva por título 'Libertad religiosa, camino para la Paz'.

El Pontífice ha subrayado que este año "ha estado marcado lamentablemente por persecuciones, discriminaciones y terribles actos de violencia y de intolerancia religiosa" y ha recordado los ataques contra los cristianos en Irak y la violencia en Tierra Santa, Africa y Asia.
Según ha afirmado el Pontífice, el fanatismo o el fundamentalismo son "prácticas contrarias a la dignidad humana" y que "nunca se puede justificar y mucho menos si se realizan en nombre de la religión". Benedicto XVI ha recordado que la libertad religiosa "es condición para la búsqueda de la verdad" y que no puede ser impuesta "por la violencia".

Asimismo, el Papa ha hecho un llamamiento a las naciones para que defiendan "a las minorías religiosas" que "no constituyen una amenaza contra la identidad de la mayoría" sino que son "una oportunidad para el diálogo y el recíproco enriquecimiento cultural".

El Papa ha defendido de nuevo la diferencia entre laicismo o secularismo y la laicidad positiva, como ya declaró en la entrevista en el avión en su último viaje a España y ha asegurado que el fundamentalismo religioso y el laicismo "son formas especulares y extremas de rechazo del legítimo pluralismo y del principio de laicidad".

Según ha explicado Benedicto XVI, tanto el fundamentalismo como el laicismo "absolutizan una visión reductiva y parcial de la persona humana". Además, ha sostenido que la sociedad que quiere "imponer o negar la religión con la violencia" es injusta "con la persona y con Dios, pero también consigo misma".

Por otra parte, Benedicto XVI ha expresado "su deseo" de que en Occidente, especialmente en Europa, "cesen la hostilidad y los prejuicios contra los cristianos" por el hecho de que intentan "orientar su vida en coherencia con los valores y principios contenidos en el Evangelio".
El Pontífice ha señalado que "se dan formas más sofisticadas de hostilidad contra la religión" en los países occidentales que "se expresan a veces renegando de la historia y de los símbolos religiosos", unos símbolos que reflejan "la identidad y la cultura de la mayoría de los ciudadanos".
Benedicto XVI ha insistido en que "estas formas fomentan el odio y el prejuicio" y no coinciden "con una visión serena y equilibrada" del pluralismo y la laicidad de las instituciones. Según ha advertido el Papa, en Occidente existe el riesgo "para las nuevas generaciones" de perder el contacto "con el precioso patrimonio cultural de sus países".

El Papa ha manifestado que espera que Europa "sepa reconciliarse con sus propias raíces cristianas" que son "fundamentales" para comprender el papel que ha tenido, "que tiene y quiere tener en la historia".

Además, el Pontífice ha asegurado que la Iglesia "defiende al hombre en su propia dignidad" y que la Iglesia defiende la libertad religiosa "de cada hombre". Según ha defendido el Pontífice, el respeto a la libertad religiosa y el derecho a la vida "es una condición para la legitimidad moral de toda norma social y jurídica".

Por último, Benedicto XVI ha recordado que en el año 2011 se cumplirá el 25 aniversario de la 'Jornada mundial de oración por la paz', que fue convocada en Asís por Juan Pablo II en 1986. El Papa ha afirmado que "en aquella ocasión" las grandes religiones del mundo "son un factor de unión y de paz" no de división "y conflicto".

lunes, 13 de diciembre de 2010

Fiel al Amor

Sí, pregunta a la antigüedad, a los tiempos pasados, remontándote al día en que Dios creó al hombre sobre la tierra y abarcando el cielo de extremo a extremo, si ha sucedido algo tan grande o se ha oído algo semejante. ¿Ha oído algún pueblo a Dios hablando desde el fuego, como tú lo has oído, y ha quedado vivo? ¿Intentó algún dios acudir a sacarse un pueblo de en medio de otro con pruebas, signos y prodigios, en son de guerra, con mano fuerte y brazo extendido, con terribles portentos, como hizo el Señor, vuestro Dios, con vosotros contra los egipcios, ante vuestros ojos? Pues a ti te lo mostraron, para que sepas que el Señor es Dios y no hay otro fuera de él. Desde el cielo te hizo oír su voz para instruirte, en la tierra te hizo ver su fuego terrible y escuchaste sus palabras entre el fuego. (…) Así pues, reconoce hoy, y aprende en tu corazón, que el Señor es Dios, arriba en el cielo y abajo en la tierra, y no hay otro. Guarda los mandatos y preceptos que te daré hoy; así os irá bien a ti y a los hijos que te sucedan y prolongarás la vida en la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar para siempre.
Deuteronomio 4, 32-36. 39-40
El capítulo 4 del libro del Deuteronomio nos cuenta que Moisés dio a los hijos de Israel “decretos y leyes” para hacer de ellos un pueblo vivo, en correpondencia con un Dios que “está cerca de nosotros cada vez que le rezamos” (v.7). Dios entregó esta Ley a Moisés en el Monte Horeb como signo de su alianza, un vínculo inquebrantable de comunión. Israel es exhortado a permanecer fiel, pase lo que pase, al “Dios compasivo que no olvidará el pacto” (v.31)

Para permanecer fieles a Dios, necesitamos ser capaces de maravillarnos por él y por este amor inmerecido. Utilizando preguntas retóricas (v 32b-34), Moisés trata de despertar esta capacidad de maravillarse. ¿Acaso hay algo más grande que un amor así mostrado a un pueblo? ¿Acaso algún otro amor ha hecho más por otro pueblo de esta tierra? ¿Acaso un pueblo ha vivido antes en una relación tan estrecha con el Otro absoluto, el Dios deslumbrante que encuentra la manera de estar con su pueblo sin cegarlo? ¿Acaso ha habido alguna vez un Dios que amara a un pueblo como su único pueblo?

El pueblo recibió cuanto necesitaba (v. 35-36) para aceptar a Dios como su único amor. Dios se lo mostraba a través de las escrituras; los protegía y liberaba; los “alzaba” como a un niño (ver Oseas 11, 1-4). Dios actuaba “ante sus ojos” y pudieron oír su voz salir “ de entre el fuego”. Sólo hay un Dios en el cielo y la tierra, y debe encontrar su lugar en el “corazón” del pueblo (v. 39)
Naturalmente, el pueblo podía apartarse de este amor de Dios. En aquellos días, igual que ocurre hoy, había muchas cosas que les distraían. La economía y la política, pero también la cultura e incluso la religión pueden convertirse en una especie de cortina de humo de modo que ya no vemos con claridad que los seres humanos fuimos creados y formados por un amor que dura por siempre y que nos hace sagrados. Los poderes siempre amenazan con alzarse y atacar la libertad humana, que es creación del amor de Dios.

“Dios nos quiere felices” (Hermano Roger). Moisés está profundamente unido a su pueblo. Por esta razón no les fuerza esgrimiendo su autoridad; les muestra el amor de Dios, con el cual él mismo se siente comprometido. Desea que las cosas le “vayan bien” (v. 40) a su pueblo y sus descendientes, que tengan una larga vida. No hay otro poder “arriba en el cielo y abajo en la tierra” que pueda prometer una felicidad así para siempre.

Moisés quiere ahorrar al pueblo esos dolorosos momentos de desvío en que buscamos, en vano, una vida de felicidad en algo que no es la Fuente de vida. Él se dio a sí mismo hasta el final para mediar entre Dios y el pueblo. Es cierto que el amor de Dios va incluso más lejos, más allá de los “mandatos y leyes”. Jesucristo es el “camino” en el cual Dios se acerca a su pueblo directamente, sin otros medios. Él se entregó por amor y de este modo desarmó, de una vez y para siempre, a todos los demás poderes.
  • ¿Soy capaz de maravillarme ante Dios?
  • ¿Con quién me siento comprometido?
  • ¿Qué “desvíos” puedo evitar y ayudar a otros a evitar mediante la fe?

Comunidad de Taizé

sábado, 11 de diciembre de 2010

ECUMENISMO



El gran reto del ecumenismo hoy es llegar a una eclesiología de comunión desde la pluralidad de Iglesias, en las que se consiga la unidad desde el respeto a la diversidad. En materia de ecumenismo queda mucho por hacer, sobre todo en España, secularmente muy por detrás de otros países europeos. En nuestras manos está la construcción de un futuro diferente. La fe en Jesús que compartimos ciertamente no propone soluciones, pero sí mueve a la razón a no dejarse dominar por pasiones excluyentes, ni hundirse en ilusiones ideológicas, invita a la lucidez y al distanciamiento con respecto a las modas intelectuales, culturales o sociales imperantes. No es dominando el mundo a base de grandezas eclesiales como la fe asegura su futuro, sino permaneciendo atenta a la Palabra. La Iglesia que soñamos todos los cristianos es aquella que ama, acompaña, empuja... y comprende. No necesitamos nada más para ser hermanos.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Entran en nuestra vida sin pedir permiso

Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él y él conmigo (Ap. 3:20)

Entran en nuestra vida sin pedir permiso. Quieren saber todos los pormenores de nuestra vida, también acerca de nuestros ingresos económicos. Indagan acerca de nuestros pecados. Incluso se atreven a preguntar sobre nuestra vida sexual. Nos dicen lo que debemos hacer y lo que no. Nos fustigan en cuanto tienen ocasión desde un púlpito, sea real o virtual. Y una vez que cándidamente les hemos abierto nuestra vida, nos juzgan y utilizan la información para procurar el control sobre nuestras existencias. Así son algunas personas.

A diferencia de ellos, Jesús de Nazaret llama a nuestra puerta pidiendo permiso para entrar. Nos dice que quiere comer con nosotros. Y una vez que le hemos abierto la puerta, nos trata con dignidad, nos escucha en silencio, nos comprende, y posiblemente nos exhorte para posteriormente perdonar lo que sea menester. Nunca utilizará la información que posee sobre nosotros para la amenaza o para recordarnos lo mucho que le debemos. Él es un buen amigo, el mejor.

Él es nuestro modelo y no otro.

Ignacio Simal, Pastor de la Iglesia Evangélica Española (IEE) en el presbiterio de Cataluña

martes, 7 de diciembre de 2010

¿Necesitamos de la Iglesia?

En este siglo XXI son cada vez más los que considerándose cristianos afirman que la Iglesia como institución no es necesaria pudiendo vivir una vida cristiana sin tener una comunidad de referencia, es decir: Cristo sí, pero sin la Iglesia.Ante esta realidad, me pregunto: ¿se puede creer sin la institución, ha sido esta un error de la historia y no es necesaria, influye de alguna manera en nuestra fe? Estos y muchas más son los interrogantes que hoy día llegan hasta nosotros…

Asumimos que la herencia que nos ha dejado no es la mejor: divisiones, prohibiciones, afirmaciones como” única y fuera de ella no hay salvación” (hasta la llegada del Concilio Vaticano II). No hay nada peor que sentir que te han quitado la libertad, lo más preciado del ser humano. Como consecuencia de todo este sentir, cada vez crecen más el número de personas que están convencidos de poder vivir su fe sin la necesidad de tener una referencia explícita y cuyo lema es: “Cristo sí, pero sin la Iglesia”.

A veces salen a la luz auténticos escándalos que hacen daño, acontecimientos que sacuden al hombre poniéndolo en contradicción con la fe que profesan, pero como bien decía el fundador de los religiosos Agustinos Asuncionistas, padre Manuel D´Alzon: “ Siempre con Roma, alguna vez sin Roma, nunca contra Roma…)

Somos hijos de nuestra Madre. La Iglesia está formada por hombres y como tales, nadie es perfecto, con una determinada cultura y forma de pensar. No podemos exigir a señores de 70-80 años que se adaptan a estos tiempos y más a la velocidad que corren, como tampoco lo pueden hacer nuestros mayores de casa, pero ahí estamos para acoger, perdonar y enseñar.Necesitamos de ella como un niño necesita de su madre, de una comunidad de referencia, la fe no se puede vivir individualmente aunque caminemos en una sociedad enfocada a ello, sería demasiado pobre ¿no creéis? El hombre no está concebido para la soledad, necesita del otro para su propia construcción como persona y también como cristiano: démosle pues, una nueva oportunidad. La necesitamos y nos necesita, quizá sea bueno aprovechar este tiempo Litúrgico en el cual nos encontramos para reflexionarlo…

Ana Bou de su blog: Un minuto para el encuentro

domingo, 5 de diciembre de 2010

"Que todos sean una sola cosa"


El Papa apuesta por la "plena comunión" con la Iglesia ortodoxa
Mensaje de Benedicto XVI a Bartolomeo I en la festividad de San Andrés
Benedicto XVI ha señalado la necesidad de continuar el camino "hacia la plena comunión" con la Iglesia ortodoxa, en un mensaje dirigido al arzobispo de Constantinopla, el Patriarca ecuménico Bartolomeo I, con ocasión de la celebración de la fiesta de San Andrés.

Además, el Papa ha señalado que la fiesta de San Andrés, que coincide este año en los calendarios litúrgicos de Oriente y Occidente, representa "una invitación a renovar la fidelidad a la enseñanza de los Apóstoles" y a ser "anunciadores incansables" de la fe en Cristo a través de "la palabra y el testimonio de la vida".

Según ha destacado Benedicto XVI los cristianos están llamados a "proclamar con convicción la verdad del Evangelio" y a presentar a Cristo "como respuesta a las más profundas preguntas y aspiraciones espirituales de los hombres y mujeres de hoy".

Por otra parte, el Pontífice ha destacado los esfuerzos del patriarcado de Constantinopla por "promover los valores cristianos en el contexto internacional" y ha sostenido que los cristianos deben unir sus esfuezos "para un común testimonio del Evangelio ante los hombres" de este tiempo.

Por su parte, el secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone, ha hecho entrega de dos fragmentos de las reliquias de San Andrés que son veneradas en la ciudad de Amalfi al Metropolita ortodoxo Alexander de Kazajstán y ha pedido la unidad de las iglesias para que "en un futuro" los cristianos "proclamen a una sola voz el Evangelio", en la liturgia celebrada este martes en la ciudad de Astana.

Bertone ha sostenido que las reliquias muestran la común veneración por los apóstoles de las Iglesias católica y ortodoxa y ha recordado que el Evangelio "constituye la fuerza para realizar la aspiración de cada Comunidad cristiana y de cada fiel" para alcanzar la unidad.

El cardenal Bertone ha pedido que, siguiendo los pasos de San Andrés y San Pedro, la Iglesia católica y la ortodoxa "continúen con esperanza" el camino iniciado para que Dios "conceda el don precioso de la unidad" entre todos los cristianos y así "todos sean una sola cosa".

sábado, 4 de diciembre de 2010

Oración breve

Dios que nos amas, cuando pesa sobre nosotros una prueba, la asumes con nosotros y nos ayudas a esperar más allá de toda esperanza.

Propuesta por la Comunidad de Taizé

jueves, 2 de diciembre de 2010

LA FE Y LAS OBRAS

“La fé, sino tiene obras, está muerta en sí misma” (Santiago 2, 17)

Muchas veces me preguntan cómo compatibilizar, en el ámbito de lo religioso, este binomio tan raro, a veces paradójico, entre fe y obras, entre Ley y Amor.

¿Se nos juzgará por la fe? Por supuesto que sí. Pero... ¿se nos juzgará por las obras? Pues creo que también... De hecho, sólo así podemos entender que los mensajes de Pablo y de Santiago, por ejemplo, no se contradigan, y no acaben produciendo en el creyente una especie de esquizofrenia espiritual.

¿Qué es más importante entonces, la fe o las obras? Cuando me plantean esta pregunta, sospecho. Lo hago porque, en el fondo, se está planteando una dicotomía inexistente en el Nuevo Testamento, del que somos herederos. La relación entre fe y obras no es disyuntiva, ni en Jesús, ni en las cartas del Nuevo Testamento, ni en la mentalidad de la iglesia primitiva. No es disyuntiva sino, al contrario, copulativa. Intentaré explicarme, porque mis amigos liberales estarán pensando que me he vuelto loco, y mis amigos legalistas se estarán frotando las manos, quizá sin razón ninguno de los dos:
Que quede bien claro: a mi entender, a la salvación sólo se puede acceder mediante la fe. Este requisito, que tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento significa, ante todo, adhesión, no se enfoca en la Biblia hacia verdades, o hacia dogmas, sino hacia personas. En el Antiguo, hacia el Padre. En el Nuevo, hacia Jesús de Nazareth, que asume la misión de revelarnos al verdadero Padre, cuyo único signo de carácter es el amor. Pero cuando alguien se adhiere a una persona, no lo hace a una sombra, o a una entelequia. Eso es primar el dogma, las supuestas verdades que nos parece encontrar. Adherirse a alguien es hacerlo a su forma de ser y actuar. Es abrazar su proyecto de vida, lo nuclear de su razón de ser.
Así que la fe, que nos permite descubrir el proyecto de salvación de Jesús, significa, en primer lugar, adherirnos a su proyecto, y abrazarlo hasta sus últimas consecuencias.
Pues bien... ahora soy yo el que planteo una pregunta: ¿Podemos decir que el proyecto de vida de Jesús de Nazareth, su novedad, lo nuclear de su mensaje, fue enseñar que hay que cumplir la Ley? En absoluto. Eso no era ninguna novedad. Cientos y cientos de escribas y fariseos centraban su vida en enseñar eso mismo. Lo nuclear del mensaje de Jesús, aquello en lo que se empleó a fondo, fue la compasión, que mueve a la acción a favor de los demás. Para Jesús, los frutos de la compasión era lo que demostraba que el Reino de los Cielos se ha acercado. Sentir la necesidad del otro como si fuera propia. Ese fue el proyecto de Reino de Jesús de Nazareth, y ése es el estilo de vida al que nos propone adherirnos (tener fe, dar crédito...).

Por ello, en la parábola del juicio final, Jesús se centra, de nuevo, en lo nuclear de su mensaje, en lo que ha sido su bandera durante su corto ministerio. Nadie que es incapaz de compadecerse entrará en el Reino de los Cielos. Nadie que no muestre respeto por el sufrimiento de los demás ha conocido a Dios. Quien dice amarle pero no se compadece de los pequeñitos, no tiene fe, no se ha adherido a su proyecto. El Juicio de Dios (que en la parábola es el Hijo del Hombre, es decir Él mismo) no consiste, por lo tanto, en la anotación detallada de las buenas acciones o de las faltas. Es una separación entre los que se han compadecido de los que sufren, y se han ocupado de ellos, y los que no lo han hecho.

Así que "las obras" por las que será juzgada nuestra adhesión al proyecto de Dios, que nosotros nos empeñamos, de forma inconsecuente, en contraponer a "la fe", no son ni guardar el sábado, ni no adorar ídolos, ni no comer cerdo. Todo esto está muy bien, pero no será la medida en que se verá juzgada nuestra adhesión a Dios, pues todos convendremos en que muchos que no han guardado jamás el sábado, se han postrado ante ídolos, y han comido cerdo, hacen parte del Reino de Dios. La Ley por la que, según Jesús en su parábola, son juzgados los creyentes, es la Ley de la compasión. Los que entran son los que se preocuparon y se ocuparon de los que sufren. Como dirá Juan, "Nadie que no ama puede decir que conoce a Dios, porque Dios es amor".
Por eso la fe y las obras no son disyuntivas sino copulativas. Por eso Pablo puede decir que la justificación es mediante la fe, y Santiago que la fe sin obras es muerta. No hay adhesión (fe) sin compasión (obras). La salvación proviene única y exclusivamente de la gracia de Dios. Pero nadie que se confronta con su proyecto del Reino, y se adhiere a él, puede vivir sin compasión. Si lo hace, demuestra que su adhesión no es verdadera y que, por lo tanto, no pertenece al Reino. Por consiguiente, quien no se ha adherido formalmente al Reino, quien no profesa ninguna religión, quien no ve a Dios en ningún sitio, pero vive preocupado y ocupado por el sufrimiento de los demás, se ha hecho permeable a la influencia de Dios, aun sin saberlo, y heredan el Reino preparado para ellos, según Jesús, desde la creación del mundo.

Ésta es la fe que produce obras. Obras que no buscan el trueque interesado, ni alcanzar algún tipo de justificación, sino que son la normal consecuencia de haber abrazado un proyecto de vida, del que la compasión es el eje central.
Casi podríamos decir, con Pablo y Santiago al unísono, que la salvación es mediante la fe, pero que la fe sin compasión es como si estuviese muerta...
Juan Ramón Junqueras